Crimen y Castigo

¿Cuándo vuelven los libros de “Memoria del crimen”?

Señores de la editorial Planeta, ¿cuándo tienen pensado volver a editar la colección “Memoria del crimen”, dirigida por Mauricio Cohen Salama (inspirador de la revista “Delitos y castigos”) y tristemente discontinuada en 1994? Piénsenlo bien, señores: ustedes han asumido una deuda con nosotros, los lectores, al haber anunciado que la colección incluiría algunos títulos que nunca vieron la luz, como “La matanza de Brandsen”, “Crimen en el Eugenio C”, “Asesinato de Lino Palacio”, “El comisario Meneses” y “Estafa al Banco Municipal”.

Pero vamos por las buenas… Bajo la etiqueta de “Memoria del crimen” se publicaron algunos libros atractivos y singulares que nunca más se volvieron a tirar, aunque pueden ser ubicados, con algo de suerte, en las librerías de viejo de la calle Corrientes. La colección se inició en julio de 1994 con “Mi madre, Yiya Murano”, una magnífica memoria a cargo del hijo de la famosa envenenadora, Martín Murano. Yo conseguí mi ejemplar en un sucucho de la calle Lavalle, pero después lo volví a encontrar en otra cueva de la avenida Cabildo y me lo llevé porque salía nada más que cuatro pesos (!) y no me pude contener. En estas 169 páginas, el joven Martín -que por aquellos días escribía cuando su profesión de doble de riesgo le dejaba un rato libre- hacía un retrato íntimo de la asesina del té con masas. Y lo hacía desde una posición (al menos) crítica: “Desde que tenía cuatro o cinco años empezó a nacer en mí un sentimiento de repulsión hacia mi madre”, se animaba a escribir.

El número dos le correspondió a Enrique Sdrech, el legendario Turco, el último decano de la crónica roja, que eligió el caso del ex policía Daniel Julio Scandinaro para darle cuerda con misterio y rebusque. En “El hombre que murió dos veces” la historia era de crimen y estafa, y el zorro viejo del periodismo policial parecía sentirse a gusto.

“El sátiro de la carcajada” llevaba el número tres de la colección y la firma de Dalmiro Sáenz, y es uno de los títulos más festejados por Rodolfo Palacios, coautor de este blog. Huesudo, fibroso y traicionero, el sátiro se hizo temer en 1969 con una serie de robos y de abusos. Sáenz mete sexo y mete navajazos y mete culatazos, y el texto fluye como un violín afinado. Se consigue por unos mangos en Mercado Libre: vale la pena.

Y el último de los cuatro volúmenes que tengo es “El Petiso Orejudo”, de María Moreno. Ésta parece ser la figurita difícil, el libro que no se consigue. Yo no pude, hasta ahora, encontrarlo: tengo un juego de fotocopias anilladas y parece ser mi única opción. Se trata de una bella crónica, por momentos sentimental, por momentos infernal.El Petiso parece volver a ser una persona de carne y hueso en la pluma de Moreno, y no aquel diablillo cosificado que conocíamos de la memoria popular. Hay entrevistas, hay expediente y hay archivo periodístico. Y entonces el año 1912 parece ayer nomás.

No hace falta esperar más para que vuelva la colección “Memoria del crimen”: es ya hora.