Crimen y Castigo

Caso Bernasconi: de puño y letra

El 26 de mayo de 2009 una historia sacudió los titulares de los medios provinciales: Cristian Marcelo Bernasconi, un joven de 18 años, había ejecutado por la espalda, con certeros tiros en la nuca de una carabina .22 Mahely, a su madre, Alicia Pérez, y a su hermano mayor, Carlos Bernasconi. El doble homicidio ocurrió en la localidad de Bartolomé Bavio, en lo profundo de la provincia de Buenos Aires, donde la familia vivía y trabajaba en una estancia. Bernasconi ensayó entonces una coartada e inventó una historia fantasiosa que incluía a un comando de ladrones sanguinarios, pero la mentira duró poco y finalmente confesó. El móvil, dijo, era el hostigamiento permanente al que lo sometían sus parientes más cercanos y la prohibición de amar a quien quisiera: “Me tenían cansado porque no aceptaban mi condición de homosexual”, declaró Marcelo ante el fiscal de instrucción Marcelo Martini.

El 16 de marzo de 2010 Marcelo fue condenado a prisión perpetua. Los jueces del Tribunal Oral IV de La Plata no le creyeron que hubiera sufrido un lapsus en su conciencia al momento de liquidar a sus víctimas. Por el contrario, opinaron que había calculado el hecho y que, tal vez, todo podría deberse a un asunto de dinero por el seguro de vida del padre, muerto poco tiempo antes.

Durante el juicio se ventiló, además, la vida privada de Marcelo y la de algunos de sus amigos. “En ningún momento se pretendió juzgar la inclinación sexual del acusado, pero sí transitamos por su condición para establecer si hubo maltratos de sus parientes que pudieran servir como atenuantes en la pena”, dijo el fiscal Rubén Sarlo.

Nicolás Malpeli, el abogado de Marcelo, apeló. Y el año que viene se expedirá el Tribunal de Casación. El joven no discute haber sido el autor de los disparos. Pero sí discute su estado mental y afirma haber actuado bajo emoción violenta. Por eso, piensa su defensa, las chances de reducir la condena son favorables y dependen de una discusión sobre la psicología del acusado.

Como en un cuento de Manuel Puig, un adolescente enamorado y rabioso obligó a la sociedad conservadora de lo profundo de la provincia a discutir un tema silenciado y a enfrentar a los fantasmas de discriminación que todavía habitan en sus rutas olvidadas.

Mientras Marcelo estuvo preso en la comisaría 9ª de La Plata hizo dibujos, escribió cartas para sus amigos y comprendió que tacharía varios días del calendario detrás de las rejas. Y en un momento decidió confesar su infierno y escribir sus memorias en un pequeño diario, que aquí presentamos.

Links:

– La crónica de Sebastián Hacher para el diario Tiempo Argentino, en su blog.