Crimen y Castigo

Enigma para mochileros

El crimen del mochilero no parecía fácil de resolver. Pero una pista fundamental surgida de su cámara de fotos señaló a los asesinos de Sebastián Musacchio, el pibe que fue liquidado a golpes de piedra en El Shincal, en la localidad de Londres, Catamarca, a 270 kilómetros de la capital de la provincia. Son dos baquianos y el 29 de noviembre deben afrontar un juicio donde se juegan sendas condenas a prisión perpetua.

El chico, que estudiaba luthería en Tucumán y tenía 22 años, estuvo desaparecido durante 19 días, desde el 23 de julio hasta el 7 de agosto de 2009. Días largos de angustia y confusión, en los que la familia se trasladó desde la austral Comodoro Rivadavia, donde vivía el pibe, hasta la provincia del noroeste. Su hermano había dicho entonces que Sebastián, como todos los Mussachio, sabía bien dónde, cómo y cuándo acampar. E incluso, con quién. Pero las peores sospechas se precipitaron con el hallazgo de restos óseos desmembrados y calcinados en un socavón de piedra.

Fue Cintia, la novia del mochilero, la que encontró las primeras pertenencias. Ella, que lo esperaba en Tucumán, tomó la decisión de viajar a la zona catamarqueña que habían visitado juntos el año anterior. Sabía que Sebastián quería volver a El Shincal. Y ahí, entre los arbustos, descubrió parte de la carpa, una toalla y una bombilla. Los restos humanos aparecerían más tarde, durante el rastrillaje oficial.

El hallazgo de la cámara de fotos -cerca del cauce del río Quimivil- dio la primera pista: estaba cargada y su rollo blanco y negro reveló fotogramas donde se veían los rostos de dos baquianos de la zona: el primero, Antonio Yapura, era el más chico. Tenía 19 años cuando el 14 de agosto de 2009 fue detenido por Alejandro Della Lasta, un fiscal a caballo que recorría la zona buscando a esos jóvenes cuyas figuras habían quedado impregnadas en la película de la víctima. Al día siguiente Yapura declaró y confesó. Dijo que había estado charlando con el mochilero junto a otro baquiano, el otro hombre fotografiado, de nombre Santos Quispe, de 26 años. Los dos habían pergeñado un plan para robarle sus pertenencias a Musacchio y matarlo, fuera o no necesario.

“Quispe fue, señor, el que le pegó un palazo en la cabeza”, acusó Yapura. “Y cuándo le pregunté por qué había hecho eso me dijo ‘Callate y no digas nada, porque sino vos también la vas a ligar”.

Poco tiempo después cayó ese segundo baquiano. Frente al fiscal corroboró la versión, pero agregó algo que el primer baquiano había callado: según Quispe, fue aquel primer baquiano el que había rematado al mochilero, a golpes de piedra.

Como sea, cuando comprobaron que su víctima estaba muerta se repartieron sus pertenencias, según el plan inicial. Pero la cámara no les interesó y la abandonaron, sin saber que sus rostros ya estaban registrados. ¿Quién accionó el disparador? Ese parece ser un punto dudoso: pudo haber sido el propio Musacchio, durante la charla que venían manteniendo antes de traicionarlo. O ellos mismos, para probar el aparato antes de descartarlo.

A más de un año del crimen, los dos baquianos enfrentan el juicio en la localidad de Londres. Desfilan más de cuarenta testigos frente a un tribunal compuesto por los jueces César Soria, Patricia Olmi y Jorge Rolando Palacios; y frente al fiscal Rubén Carrizo. Fue el fiscal de instrucción Jorge Alberto Flores quien fijó la imputación de la que ahora deben defenderse: homicidio doblemente calificado por criminis causa y por alevosía.