Memoria del crimen

Robledo Puch, el estudiante

El niño de orejas aladas y mirada tierna era un buen alumno. Tocaba el piano, iba a misa con su abuela alemana, le gustaban las matemáticas y las clases de inglés. En la foto tenía 10 años. Sus compañeros del colegio Alsina de Vicente López lo describían como un chico callado y tímido. Con el tiempo, tuvo problemas de conducta: le contestaba a las maestras, se hacía la rata y una mañana tiró una silla contra el pizarrón porque la directora le había llamado la atención. Sus amigos le decían “leche hervida”. Ese chico, ocho años después, iba a comenzar una de las historias más siniestras de la historia policial argentina.

En menos de un año, mató a once personas. Su nombre, Carlos Eduardo Robledo Puch, apareció en primera plana de todos los diarios. Le decían El Ángel Negro.

Lleva 38 años preso, en una pequeña celda de la cárcel de Sierra Chica.