Crimen y Castigo

G-Dep, el rapper arrepentido que confesó 17 años después

¿Qué fue lo que llevó al rapero a confesar su crimen diecisiete años después? Tal vez la conciencia, tal vez el fracaso en su carrera, tal vez un fantasma que lo persigue desde hace mucho tiempo, tal vez y tal vez y tal vez. El miércoles pasado, el hombre que suele pisar los escenarios bajo el nick de G-Dep, pero que en realidad se llama Trevell Coleman, entró en la comisaría del distrito 25º de New York y desembuchó. No se guardó detalles: todo estaba en su memoria. Cantó, pero esta vez ante sus enemigos de siempre: los polis.

El asesinato había ocurrido el 19 de octubre de 1993. Era de noche. G-Dep le quiso robar a un tipo de Queens, que se resistió. Estaban en la puerta de las viviendas James Weldon Johnson Houses, en East Harlem. G-Dep había crecido ahí y esa noche llevaba su pistola calibre .40. En esa época ser rapero era un trabajo duro. A veces la vida pendía de una lírica: una palabra de más podía significar una condena de muerte. Tres años más tarde liquidarían a 2pac Shakur. Otro más y caería The Notorious B.I.G. La rivalidad entre la East Coast y la West Coast se había transformado en algo muy real y las diferencias se arreglaban a los tiros. Dos sellos reunían a las estrellas de la escena: Death Row Records, que albergó a 2Pac, y Bad Boy Entertainment, fundado por P. Diddy en New York.

Bad Boy Entertainment ficharía en 1998 a G-Dep por un contrato de 350 mil dólares a cambio de cinco álbums (de los que sólo registraría uno, “Child of the ghetto”, en el año 2001), pero en 1993 era un pibe de 18 años abandonado a las drogas, a los callejones y a las armas ilegales. La vida rapera y el principio del éxito no alejaron a G-Dep del fango. En su carrera criminal ha habido lugar para más de treinta ingresos a la cárcel. En noviembre de 2010, después de todo, seguía en la misma: fue detenido con droga y enviado a la sombra por unos días.

Con los grandes de su generación entronizados (Dr. Dre y P. Diddy) o muertos (2Pac y The Notorious B.I.G.), G-Dep se dio cuenta de que sus mejores días ya habían pasado –y que los había echado a perder-. Y que a ese incidente de octubre de 1993 que siempre había estado en algún rincón de su psiquis le había llegado la hora de ser exorcizado.

Entró, entonces, a la comisaría del distrito 25º contra el consejo de su madre y de su novia. “No seas tonto”, le habían advertido, “vas a quedar adentro”. Pero G-Dep quería saldar cuentas con su conciencia y con Dios. Y aunque no quería escuchar que su víctima había muerto, lo escuchó.

En realidad, no era tan extraño. Esa noche de octubre de 1993 G-Dep había sorprendido a John Henkel en la esquina de Park Avenue y la calle East 114th. Llegó en bicicleta, como un trueno silencioso, y cayó sobre su presa con la pistola calibre .40 en la mano para robarle algunos pocos dólares. Pero Henkel se resistió y quiso sacarle el arma. Esa fue su última intención: el teenager G-Dep gatilló tres veces. Después, dejando atrás al moribundo y a sus aromas de sangre y pólvora, pedaleó hasta el East River, donde arrojó el arma.

Luego de contar su historia, G-Dep ya no pudo dejar la comisaría: de repente se había convertido en un asesino. Pero desde hacía rato lo era, y en el fondo lo sabía. Su madre y su novia tenían razón: no debía haber confesado. ¿Y la conciencia? ¿Qué hacer con su peso, cada vez mayor? Durante diecisiete años había pesado. Y tal vez, ahora, dejara ya de pesar.

“No estuve viviendo bien”, le diría después a un periodista del NY Post. “Siempre tuve gente buena rodeándome, pero yo estaba equivocado. Y empecé a preguntarme si las cosas malas que me pasaban eran un karma por lo que había hecho”. Buena sustancia para escribir una larga lírica, mientras la Justicia se despereza de su caso.

Links:

– Entrevista en Hip Hop Lives, de 2008.

– G-Dep en Myspace.

– G-Dep en Grooveshark.