Memoria del crimen

Osvaldo Aguirre: “El delito es de la sociedad”

“La mafia, en el sentido original de la palabra, alude a un código de comportamiento centrado en una particular concepción de la autoridad y del honor. En la Argentina, desde finales del siglo XIX cuando se registraron las primeras vendettas (obligación de matar para limpiar el honor), hasta la década del treinta cuando los secuestros y asesinatos escandalizaron a la opinión pública, la delincuencia organizada despertó la curiosidad y el ingenio de la sociedad. Mil historias fantasiosas se tejieron en torno a la mafia y sus protagonistas. Pero poco se sabía hasta ahora de la verdadera dimensión de los hechos”. La presentación de “Historias de la mafia en la Argentina” (que edita Norma) es contundente. Osvaldo Aguirre recompone una historia olvidada y la presenta a ritmo de thriller.

Aunque nació en Colón, provincia de Buenos Aires, Aguirre es rosarino por adopción: sus investigaciones infatigables revuelven el pasado oscuro y delictivo de la ciudad. Desde hace algunos años está a cargo de la edición del suplemento cultural Señales, del tradicional diario La Capital. En su militancia cultural compuso una nutrida trayectoria en ensayos, poesías (edita Bazar Americano y cura el Festival Internacional de Poesía de Rosario) y cuentos. Pero mientras todo eso ocurría, Aguirre –que predica el bajo perfil con el mismo énfasis con el que admira a Rodolfo Walsh- pasó una temporada de diez años (1993-2003) en la sección de policiales de aquel diario.

“Antes de entrar a La Capital colaboraba en una revista llamada El Vecino”, dice. “Ahí hacía notas policiales que yo llamaba ‘casos policiales recreados’. Tomaba casos del diario y los recreabas con un estilo de cuento. Y eso fue lo que vieron en el diario, como algo interesante para ponerme en policiales. Había leído mucha literatura policial y lo sigo haciendo. Entrar en la sección fue descubrir un mundo desconocido, que era narrar la práctica real policial. ¡Y por otro lado, tenía sus cosas bravas!”.

¿Qué es lo que tiene el género policial que no se encuentran en las otras secciones del diario?

A mí es el que más me gusta y me sigue gustando. En realidad lo que más me gusta es esa sección. Me interesa porque siempre tenés una historia para conocer. Historias terribles, pero eso me interesó, no tanto lo terrible en sí, sino que uno entra en contacto con una determinada historia, con una determinada persona.

En las noticias más leídas en La Capital online siempre hay policiales. ¿Por qué?

Las explicaciones para eso pueden ser muchas. Digamos que está la cuestión de la inseguridad y el temor al delito, que es uno de los males de esta época que hace que la gente esté muy sensible a las notas sobre crímenes. La prensa está cada  vez más atenta a lo que la gente demanda y cuando se produce un crimen es tratado de una forma destacada. Esa es unas de las observaciones que hacen los criminólogos a la prensa, diciendo que destacan cosas que no son de lo más frecuente…

Por otro lado, Reynado Sietecase narra el asesinato de un empresario diluido en ácido sulfúrico en “Un crimen argentino” y resalta la desaparición de cuerpo. ¿El modo de matar refleja a la sociedad?

En el libro “Política y delito”, Hans Magnus Enzensberger dice que el delito es como una caja de resonancia… el delito es de la sociedad. No ocurre cualquier delito, sino el que tiene que ver con la sociedad donde se realiza. En todo caso lo que quiere decir es que el delito y los delincuentes no son de otros planetas, sino que están muy entrelazados con la gente y con el fenómeno que experimente una sociedad. Una sociedad que está en falencia va a tener determinados delitos. Y estos comportamientos son reflejo de la sociedad en la que vivimos.

En su libro “Enemigos públicos” se refirió a maleantes legendarios, como el Hormiga Negra, el Petiso Orejudo, el Pibe Cabeza y Mate Cocido. ¿Qué rol tienen en el imaginario social hoy?

Esos personajes están siempre presentes en el sentido de lo que puede pasar con los protagonistas de las noticias comunes. Aquellos delincuentes legendarios no dejan de retornar a través de distintos relatos. Los apodos también los singularizan: surgen de los diarios a veces; en otras ocasiones son difíciles de rastrear; por último, hay veces en que se los ponía la policía.

En otro de sus trabajos, “La conexión latina. De la mafia corsa a la ruta argentina de la heroína”, trataba el tráfico entre Argentina y Francia. ¿Cómo se enteró de la presencia de la mafia corsa?

Fue un trabajo que me gustó mucho. Viajé bastante, estuve en Paraguay, en Córdoba y en otros lugares más. Lo que me gusta de hacer un libro de investigación es ir conociendo gente que te va brindando datos. Y este libro surgió cuando trabajando en “Enemigos públicos”. Ahí encontré la historia de un personaje que se había cruzado con el delincuente nazi François Chiappe y me llamó la atención que hubiera un corso en la Argentina. Después descubrí que eran varios y así me puse a investigar esas historias.

¿Cuáles fueron las fuentes que consultó?

Por un lado hice entrevistas. Hablé con abogados, con personas que conocieron a los protagonistas, incluso con familiares. Por otra parte, fuentes judiciales, de la Dirección de Migraciones, donde me permitieron ver expedientes. Consulté mucho material de prensa de Argentina, de Paraguay y de Estados Unidos. También me conecté con historiadores franceses, que me facilitaron datos sobre narcotraficantes franceses que anduvieron por Argentina en la década de 1960. En esa época el narcotráfico era inexistente y Argentina era un lugar seguro para los que se dedicaban al negocio. También hablé con un ex miembro de la Policía Federal que ahora tiene un puesto en Interpol.

¿Se considera un periodista o un escritor?

Yo trabajo de las dos cosas. Trabajo todos los días en el diario y también como escritor, porque he escrito algunos libros. Son dos cosas que se alimentan mutuamente: los libros salieron del trabajo periodístico y trato de que ese trabajo, que se basa en el lenguaje, pase al oficio periodístico, que muchas veces se escribe muy mal.

¿Y cómo concilia el oficio de periodista con el de poeta?

Eso también tiene sus matices. Por un lado la cuestión del trabajo periodístico te lleva a descuidar del lenguaje. El discurso periodístico está lleno de frases hechas porque el uso cotidiano del lenguaje cristaliza expresiones y frases que utilizamos todos los días. En cambio, en poesía esa comprensión inmediata no está. En ese sentido es difícil de conciliar, porque las frases hechas pueden ser un obstáculo. En fin, mi trabajo siempre está relacionado con el lenguaje.

Links:

– Apuntes de Osvaldo Aguirre (blog).

– Osvaldo Aguirre en Wikipedia.

– Entrevista sobre “Historias de la mafia en la Argentina” en el diario Los Andes.

– Entrevista en El Interpretador.

– Entrevista en Ñ.

Juan Pablo Robledo es egresado del Postítulo en Comunicación y Licenciatura en Periodismo en la Universidad Nacional de Rosario, y cursa la Licenciatura en Historia de la misma casa de estudios. Es columnista de la revista Rosario, su historia y región, colabora en el suplemento Señales, del diario La Capital, y es redactor en la sección policiales del diario El Ciudadano.