Pesquisas

Robo al Banco Galicia: juegos de guerra y conspiraciones

Como si se tratara de un inmenso campo de batalla, el microcentro porteño se vio  sacudido el martes 18 de enero a las cinco de la tarde por dos explosiones, dos incendios y un golpe comando. Todo respondió a un inusual juego de guerra con el que una banda compuesta por presuntos ex miembros de fuerzas de seguridad dio un golpe a la sucursal del Banco Galicia de Diagonal Norte 865. El botín ascendió a un total de 3.315.000 pesos distribuidos de la siguiente manera: 2,5 millones de pesos; 90 mil dólares; 30 mil euros y 70 mil pesos en cheques de viajero. Nada mal como recompensa para un ejercicio de una guerra invisible.

El operativo de atontamiento comenzó a las cinco menos diez. Parecía un día más en la Avenida 9 de Julio, un día de tráfico y calor, de taxistas ofuscados y de motociclistas arriesgados, cuando una explosión sacudió al gentío, a la altura del cruce de la avenida con la calle Tucumán. En un instante todos dirigieron sus miradas al centro de la 9 de Julio y divisaron una columna de fuego y humo, elevándose espléndida, como en el cine, desde un Volkswagen Golf vacío. (A pesar del incendio, en la patente del coche todavía se leía claramente “BCC 011”, una identificación “melliza” que había sido copiada de cualquier otro coche. Luego se descubriría que el Golf había sido robado en diciembre, en el barrio de Belgrano).

Cinco minutos más tarde, a las 16:55, mientras los primeros curiosos se acercaban a la bola de fuego que envolvía al Golf y alguno llamaba a la policía, otra explosión tronó a cinco cuadras, en un cajero automático de la sucursal del Banco Supervielle de Lavalle y Montevideo. Era una bomba molotov que quebraba la rutina de la cuadra. El cajero ardió hasta que el fuego se consumió y dejó entrever una máquina deforme y carbonizada. Cuando el primer patrullero llegaba a la Avenida 9 de Julio –donde se incendiaba el coche-, otro salía de la comisaría 3ª, ubicada en el 1560 de Tucumán, para encargarse del Supervielle.

La tarde se había calentado, pero eso no era todo: una amenaza de bomba cayó sobre el local de Mc Donald’s de Uruguay y Córdoba. Si faltaba algo, estaba ocurriendo. La comisaría 3ª, situada en el centro del triángulo de los hechos, se encontraba bajo una demanda inesperada. El juego de guerra había comenzado y la distracción era completa.

Resultaba sencillo, entonces, dar el golpe final. El robo a la sucursal del Banco Galicia se inició a las 17:08. Mientras una mujer y un hombre hacían de campana, otros seis vestidos con jeans azules, remeras blancas y lentes de sol ingresaron con una tarjeta de crédito al hall de los cajeros automáticos y se dirigieron inmediatamente a la puerta que comunicaba al interior del banco. Tres de ellos iban armados. Un policía de guardia los vio venir desde adentro. En uno de los videos de las cámaras de seguridad del banco (que registraron todo el robo) se ve claramente que no opone resistencia mientras los asaltantes abren la frágil puerta de vidrio con un ariete. Adentro había quince empleados, que fueron reducidos y echados al suelo. Mientras dos asaltantes iban hacia los mostradores, el resto subía hacia el tesoro, un sector de difícil acceso que abre sus puertas dos veces por día, durante un breve lapso: a la mañana, cuando se saca el dinero y se carga en un blindado, y a la tarde, cuando el dinero de las cajas se lleva hasta el tesoro. Los ladrones sorprendieron a los empleados en el momento exacto en que estaban contando el dinero del día. Tres tipos con guantes lo cargaron en bolsas negras. Antes de partir, uno de ellos le palmeó la cabeza a una empleada aterrorizada.

En poco más de dos minutos se escabullían por Sarmiento, a donde habían colocado unos conos fluorescentes para desviar el tráfico y dejar la calle de escape vacía.

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La teoría que manejan los sabuesos y que gana presencia en los cuadernos de notas del fiscal Justo Joaquín Rovira –a cargo de la Fiscalía de Instrucción número 7, que investiga el robo- apunta directamente a los efectivos desplazados en la última purga de la Policía Federal, que llegó luego de varios días de estudio de los legajos y que dejó afuera a ocho comisarios inspectores, que a su vez se sumaban a los trece que se habían ido con la conducción anterior. (El malestar en la Policía Federal es evidente: incluso corren rumores de renuncia del nuevo jefe, el comisario general Enrique Capdevila, que no han sido desmentidos desde el flamante Ministerio de Seguridad).

El golpe al Banco Galicia tiene un notable parecido con el que vació al Banco Nación de la calle Luppi al 1000, en el barrio de Pompeya, el 9 de septiembre del año pasado. En aquella ocasión las maniobras distractivas incluyeron una falsa denuncia de robo y el aviso de un tiroteo que nunca existió, para llevarse finalmente 2,5 millones de pesos. Los investigadores piensan que los dos bancos fueron robados por la misma banda.

Desde el Ministerio de Seguridad se evalúa seriamente la existencia de un plan para desestabilizar al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Se sospecha de que la zona del Banco Galicia se liberó y que los responsables del golpe conocían al dedillo el organigrama de las comisarías de la zona, sobre el que desplegaron su juego de guerra. Un día antes, el diario Tiempo Argentino había publicado una entrevista con el ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni, donde decía: “Tenemos que tomarnos en serio la reestructuración de las fuerzas de seguridad. En la Argentina tenemos estructuras policiales que provienen del siglo XIX: tenemos una policía de ocupación territorial. No tenemos policía comunitaria”.

El juez también se refería a la teoría conspirativa: “Hoy los golpes de Estado los dan las fuerzas de seguridad, no los dan los ejércitos. No son golpes de Estado tradicionales, son golpes de Estado desestabilizadores. […] Entre una coalición de medios masivos de gran difusión, un sector policial disconforme (porque no necesita ser toda una fuerza), generalmente por razones no muy confesables, y algún segmento político interesado en desestabilizar, sí pueden dar un golpe de Estado”.