Crimen y Castigo

El tirador de Belgrano esquiva el segundo juicio

El rumor que circulaba a voces en los pasillos de los tribunales y del Cuerpo Médico Forense se confirma: por ahora, Martín Ríos no enfrentará al Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) número 26 de la ciudad de Buenos Aires. La Cámara de Casación Penal había ordenado un nuevo juicio luego de que el TOC 12 lo absolviera dos años atrás al considerarlo inimputable (cuando 16 peritos pasaron ante los jueces para opinar sobre un tipo al que le habían hecho seis pericias en tres años), pero los jueces del Tribunal 26 no creen que Ríos pueda ser juzgado.

Este tribunal entendió en un fallo unánime que el tirador de Belgrano no está en sus facultades mentales para afrontar un nuevo debate y que debe permanecer internado en la Unidad 20 del Servicio Penitenciario Federal; es decir, en el Hospital Borda, junto a otros locos peligrosos. El Juzgado Civil número 26 había tomado una decisión similar al declararlo civilmente insano, el 2 de noviembre de 2010.

Actualmente, Ríos reside en la Unidad 20 del Servicio Penitenciario Federal, que está adentro del perímetro del Hospital Borda. El tratamiento que se le administra consiste en elevadas dosis de medicaciones antipsicóticas (olanzapina y levomepromazina) y ansiolíticas (clonazepam), y en sesiones con psicólogos y psiquiatras. “Está todo el día ido: su enfermedad es crónica”, dice su abogado, Ángel Ramallo, que repite una y otra vez que su cliente “está preso, no en un hospital normal, sino en una unidad penitenciaria con guardiacárceles y regímenes disciplinarios”.

Mientras la familia Marcenac prepara su apelación, la sombra del recuerdo de Ríos se arrastra aún por la sala de audiencias en la que fue juzgado, en julio de 2009. En aquella ocasión el alienado se presentó durante tres jornadas, siempre vestido con la misma ropa: un buzo polar celeste, jeans y zapatillas de lona azul. Lo custodiaban guardianes del Servicio Penitenciario que cubrían sus bocas con barbijos: eran los tiempos de la Gripe A.

Ríos –que enfrentaba a un fiscal que lo acusaba de haber cometido el crimen y las once tentativas de homicidio con su Bersa Thunder .380 por placer, en una figura muy inusual dentro de la Justicia argentina- permaneció la mayor parte del juicio detrás de su abogado, sentado. De vez en cuando, con las manos entrecruzadas, se balanceaba hacia atrás y adelante, en un movimiento típico que los psiquiatras llaman “rocking”.

Siendo el centro de todas las miradas, la suya se perdía en el piso o deambulaba por la sala, enajenada y sin punto fijo.

El alienado parecía no prestar atención a lo que pasaba a su alrededor: bostezaba, se sonaba el cuello y sacudía su pierna izquierda, impaciente, incómodo. Sólo levantó la mirada cuando la presidenta del tribunal lo llamó (dos veces) para invitarlo a sentarse en la silla del acusado. Martín Ríos escuchó entonces la lectura de sus derechos y obligaciones. Luego respondió a cada una de las preguntas sobre su persona:

“Martín Ríos”.

“Soltero”.

“Argentino”.

“Treinta años”.

“12 de enero de 1979”.

Y, sin mucho más, esperó una sentencia que lo declaró inimputable.

Links:

– La noticia en el Centro de Información Judicial.

– La noticia sobre el fallo que lo declaró inimputable.

– El fallo de la Cámara de Casación Penal que lo envió a un nuevo juicio.