Memoria del crimen

El regreso de Charles Manson

Cuarenta y dos años de prisión acentuaron la particular psicología de Charles Manson, que no dialoga, sino que predica, como si todavía estuviera en el polvoriento rancho hippie de las afueras de Los Ángeles donde forjó su macabro mito. Manson volvió a hablar con la prensa después de veinte años. Lo hizo con la edición española de Vanity Fair para decir que es malo, que le dispara a la gente, que es mezquino. “Vivo en el inframundo”, aseguró. “No le digo a la gente lo que tiene que hacer. La gente sabe lo que tiene que hacer. Y si no lo sabe, no viene a mí. Soy muy mezquino. Soy muy mal hombre. Sucio. No juego. Disparo a la gente. Soy un forajido. Soy todo lo malo”. Sin embargo, Manson también se considera un mártir. “Todos lo somos”, considera. “El amor es un mártir. Por eso Cristo llama la atención. Por eso lo crucificaron. Crucificamos a la gente y colgamos sus cuerpos en una cruz. Y nos llamamos después cristianos. Entonces, ¿quién es el mártir? ¿Quién destruye el amor o quién destruye al destructor? Es un círculo. Es bueno y malo. Sí, soy un mártir. Pero soy también una víctima. Y soy un ejecutor. Y una presa. Soy ambas cosas. Soy todo y no soy nada”.

Sus compañeros mexicanos de la prisión californiana de Corcoran –presos en la unidad de protección especial, como él- le enseñaron algunas palabras en español. “La hierba mala no muere”, le hicieron aprender. Y Charles Manson lo repite con orgullo cada vez que puede, sabiendo que a las raíces que lo hicieron famoso en 1969 les falta mucho para resecarse. Por entonces acababa el verano del amor de la década de 1960 y en el camino a la oscuridad de los años setenta fueron hitos las máximas obras de Manson: el asesinato de la actriz Sharon Tate –mujer del director Roman Polanski, embarazada de ocho meses y medio-, de los seis amigos que cenaban con ella en su casa de Beverly Hills; y de Leno La Bianca y de su esposa, empresarios que habían heredado 21 mil dólares y que no le quisieron dar ni un centavo a Manson. La primera masacre ocurrió el 9 de agosto de 1969. La segunda, un día después. Por entonces, este hombre que hoy tiene 76 años y lleva más de cuatro décadas tras las rejas era un gurú que se erigía como líder de La Familia, una pequeña secta hippie que paraba en un rancho en las afueras de Los Ángeles en el que las ideas de amor libre y de apocalipsis inminente prendían fuerte. Con los crímenes, Manson pretendía desencadenar una guerra racial entre negros y blancos, en la que veía victoriosos a los negros. Luego, La Familia se instituiría como vanguardia.

Si bien mantiene su discurso, algo ha cambiado en la vida de Charles Manson, que recién ahora ha recurrido al asesoramiento de un abogado, llamando al italiano Giovanni Di Stefano, quien ya prestó sus servicios para poderosos asesinos masivos como Sadam Husein y Slobodan Milosevic. Manson, que nunca confió en los buitres, le encargó a Di Stefano que intente reabrir su caso y que termine sacándolo de la cárcel. Lo primero que hizo el abogado fue presentar un recurso ante el Comité Interamericano de Derechos Humanos y enviar una carta al presidente de Estados Unidos, Barack Obama. En ambas misivas solicita la anulación del juicio, donde sostiene que las garantías de Manson fueron anuladas en tanto no se le permitió defenderse a sí mismo y el fiscal creó –según Manson- una ficción sobre los crímenes. Obama, que tenía tiempo para responder hasta el final de su mandato, tomó cartas en el asunto esta semana, ante la visibilidad que con la entrevista de Vanity Fair ha vuelto a cobrar el famoso líder de La Familia. En un escueto fax del Departamento de Justicia, Obama indica que su clemencia sólo se aplica a causas federales, y ese no es el caso de Manson. Antes de la respuesta, el asesino ya había opinado sobre el presidente: “Creo que Obama es un idiota por hacer lo que hace. No sé cómo lo pudieron engañar para meterse ahí. No se da cuenta de que jugando con él. Es un esclavo de Wall Street”.

La rutina del gurú es sencilla. Pasa sus días en la unidad de protección especial, lejos de los presos que podrían llegar a dañarlo para cobrar fama. En su celda hay poco lugar: una guitarra, algunos libros y cientos de cartas parecen taparlo todo. Sin embargo, ninguna de esas últimas misivas tiene la firma de alguno de sus tres hijos, nacidos de tres mujeres diferentes antes de 1969, a los que Manson no ve desde hace mucho tiempo. A las once de la mañana, el gurú suele pasear por la zona común y a la tarde puede ocuparse si quiere de la limpieza y de la comida. Acaso en algún momento recuerde a sus “hermanos” de La Familia, que, como él, fueron condenados a pasar la vida en prisión: Tex Watson, Patricia Krenwinkel, Leslie Van Houten y Susan Atkins –que falleció en la cárcel en 2009 por un tumor cerebral… y ni siquiera entonces se le concedió la chance de morir en libertad-.

Sus intereses principales son la música (una vieja inquietud que ya estaba presente en los años ’60, cuando trabó amistado con Dennis Wilson, el baterista de los Beach Boys –en cuya mansión vivieron durante algún tiempo los miembros de La Familia-, y cuando grabó un disco, “Lie”, para financiar su defensa) y el ecologismo -de hecho, implora una y otra vez ante la revista Vanity Fair por la plantación de más árboles-. Dentro de la cárcel, Manson fundó hace años el movimiento ATWA (“Air, trees, water and animals”; es decir, aire, árboles, agua y animales), que alerta sobre la contaminación y que –retomando una de sus obsesiones- predice un apocalipsis que ya no será racial, sino climático.

Tras las rejas Manson extendió su fama y su prédica a nivel mundial y se convirtió en el ídolo monstruoso que aquella cultura pop de la década de 1960 era capaz de generar como contracara a una temporada de amor y de libertad. Hippie y sangriento, Manson ordenó a sus “hermanos” la misión de los crímenes, pero no participó de ellos. Sin embargo, las pintadas de los términos “Death to pigs” y “Helter Skelter” (una canción que sus admirados Beatles habían incluido en el “White Album” de 1968 y que sus enviados habían escrito con la sangre de sus víctimas) fueron decididas por él: eran el llamado a iniciar un apocalipsis que terminó siendo el propio.

Links:

– La entrevista de Vanity Fair.

– “La hierba mala nunca muere”: el audio de Charles Manson hablando en español.

– La página oficial de Charles Manson, creada por sus amigos de ATWA.

– La dirección postal para escribirle a Charles Manson.