Crimen y Castigo

Ramoncito: el ritual del horror

Entre los asesinatos relacionados con sectas argentinas, quizás el más resonante sea el homicidio de Ramoncito González, el niño correntino de 12 años asesinado el 6 de octubre de 2006 en la ciudad correntina de Mercedes, en un rito satánico que incluyó su tortura, su violación y la profanación de su cadáver con la decapitación y el despelleje de su cráneo. De los nueve acusados por su homicidio (Esteban Iván Escalante, Yolanda Martina Ventura, Carlos Beguiristain, Ana María Sánchez, Nicolás González, Jorge Carlos Alegre, Osmar Aranda, Fernando Fermín Sánchez y Patricia López), siete fueron condenados a prisión perpetua por un homicidio triplemente calificado, el 29 de marzo pasado. El debate había comenzado en septiembre y durante las audiencias declararon unos 150 testigos.  Durante la investigación del hecho, fue el acusado Beguiristain, detenido en enero de 2008 en la localidad bonaerense de Temperley, quien contó cómo fue la violación y el descuartizamiento de “Ramoncito”, y dio los nombres del resto de los imputados. Un décimo imputado, Daniel Alegre, todavía se encuentra prófugo de la Justicia.

“Lo que este caso oculta por detrás del rito es una red de trata y de pornografía y prostitución infantil”, dice Wanda Candal, de la Red Infancia Robada, una ONG que actúa a través de varios foros a lo largo del país y que tiene entre sus miembros destacados a la monja Martha Pelloni, que a propósito de este caso llegó a estar reunida con la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner. “En este asesinato hubo una clara falta de investigación”, escribió Pelloni en un comunicado que se publicó en el sitio de la Red una vez conocida la sentencia. Y luego: “También tenemos que decir, señalando a la justica de Instrucción en este caso, que no tuvo compromiso con la investigación de los autores intelectuales del crimen de Ramoncito y que funcionaban con distintos fines: llámese distribución de drogas, compras de bebés, niñas y niños para ser explotadas sexualmente, etc. No obstante, la trama intelectual de [los dirigentes políticos] Víctor Cemborain y Tito Enciso, nombrados en el expediente y con solicitud de imputación a cargo de la Fiscalía, quedarán solo en la condena social; ya que no hay voluntad política para investigar”.

La situación no resulta tan rara si se tiene en cuenta que el actual gobernador de Corrientes, Ricardo Colombi, es de Mercedes, así como su primo Arturo, el gobernador anterior. Quizás ese dato sirva para tomar idea de la magnitud que adquiere la pequeña Mercedes –una ciudad de 30 mil habitantes- como un espacio donde el entramado político y económico cobra un relieve particular. Pero sobre este entramado se apoyan también los ritos: Mercedes es un lugar pleno de religiosidad, sede del santuario del Gauchito Gil y del de San La Muerte y receptor todavía de tradiciones espirituales guaraníes.

Según los antropólogos del Gabinete de Investigaciones Antropológicas de Corrientes, que investigaron el caso, el rito de la secta que asesinó a Ramoncito era una mezcla de varios elementos, algunos satanistas y otros provenientes de la magia negra, aunque no faltaban las invocaciones afrobrasileras y la devoción al Señor de la Muerte. Sin embargo, el núcleo del asunto pasaba por la sangre como materia central de sus ceremonias.

El abogado de la familia de Ramoncito, Marcelo Hanson, explicó que resultaba obvio que los condenados actuaron bajo las órdenes de dirigentes superiores, aunque todavía no se ha podido probar quiénes eran. Lo que sí se ventiló en el juicio es que en la casa de un candidato a intendente y en la de un empresario ganadero local se habían practicado orgías con menores de edad. El dato lo aportó Ramonita, una niña humilde de 14 años que había sido cooptada por Yolanda Martina Ventura –supuestamente, la reclutadora principal de la secta- y que, se cree, estaba reservada para un ritual encargado por un político, similar al que acabó con la vida de Ramoncito. “Los rituales comenzaban con patitas de gallo, luego seguían con el gallo entero y al final terminaban con fetos y niños: cuanto mayor era la víctima, más fuerte era el sacrificio y la invocación, y muchas veces los que la pedían eran personajes de poder, como empresarios de la zona o políticos que buscaban buena suerte”, sigue Candal. “Casi toda la investigación estuvo mal hecha y si se llegó a juicio es porque hubo mucha presión social”.

 

Links:

– Un resumen de la elevación a juicio del caso Ramoncito.

El veredicto del caso Ramoncito.