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Carta de un vecino hacia la mafia china

Un ciudadano de Villa Crespo, indignado por el crimen de un supermercadista chino, decidió escribir una carta abierta hacia la mafia china. Son líneas duras y estremecedoras, pero necesarias: en lo que va del año, la mafia china dio más de treinta golpes y cometió al menos cinco crímenes. Ni la Justicia ni la policía han dado muestras claras de poder combatirla.

La carta se publicó en el blog del Pibe Peronista y puede verse aquí. “En principio, el encabezado ‘epistolar’ es un poco irónico, como para suavizar el dramatismo de lo que sucede y con la absoluta certeza de que nadie va a responderme”, cuenta el autor, cuya relación con el comerciante asesinado era la de cualquier cliente con el cajero del supermercado más cercano; es decir, normal: “Generalmente yo le compraba cigarrillos y él se quejaba cuando tenía que darme monedas de vuelto. Pero se ve, por los carteles que le dejaron después del crimen, que ha sido gauchito con algunos vecinos”, sigue. “En realidad, este post lo escribí por algo que expreso al final, porque percibo que estas cosas suceden en un punto ciego, en una suerte de realidad parelela o ‘videogame’ al que asiste la sociedad argentina. Para que esto pase, es necesario que alguien se haga el boludo”.

Aquí va la carta, reproducida como viene del blog del Pibe Peronista.

 

SRES. MAFIA CHINA:

Por intermedio de la presente solicito tengan a bien dejar al menos un (1) chino vivo en Villa Crespo.

Hace una semana se lo cargaron al hijo de José, que no se llama José pero es el nombre que eligió para transitar estos pagos. Después de varios años José se había mudado de un local pequeño a otro más tipo “súper chino”, en la vereda de enfrente. Se ponía ríspido con las monedas y siempre tenía la pantalla clavada en Telefé. Cuentan en el barrio que le habían pedido 50 lucas verdes. O no las tenía o se plantó de guapo (me inclino por la primera opción) y se lo facturaron feo. Entró un tipo que según dicen no era chino, fue directo al hijo de José, le metió dos tiros y salió corriendo, sin llevarse nada.

A fines de 2007, en Camargo casi Angel Gallardo, un cartonero encontró, adentro de una valija, el cadáver de un chino tatuado con águilas y serpientes. Lo dejaron con este mensaje: cuatro balazos en la cabeza en forma de rombo y un puntazo en el medio. Meses antes, a ocho cuadras allí habían asesinado de un balazo en la cabeza a otro dueño de un súper chino que tenía los mismos tatuajes; poco tiempo atrás habían matado y quemado a dos chinos mientras dormían en su casa, del otro lado de Parque Centenario. En febrero pasado dos bandas de chinos se cagaron a tiros en la puerta de un súper a la altura de Corrientes al 5200. El radio es Almagro-Villa Crespo- Caballito. Esto sin contar varios ajustes producidos en el resto de Capital y GCBA desde enero de 2011.

La mayoría de los súper chinos tiene la reja pintada de celeste, color vinculado con la mafia de “Fu Jian”, del sur de China. Una de las modalidades de esta orga es traer chinos al país, financiarlos y ponerles un negocio cobrándoles luego una cuota mensual eterna que ronda los 2.500 dólares. La famosa “protección”. Como en cualquier lado, el no pago se traduce en boleta. Por lo general (éste no es el caso) los cadáveres no son reclamados por los familiares, ya que la mayoría no tiene los papeles migratorios al día, o directamente no los tiene. El “tráfico de chinos” tuvo su auge durante el menemismo, época en que se vendieron visas en hasta 50 mil dólares. Después los chinos declaraban perdidos o robados esos pasaportes, se les extendía un certificado de residencia precaria y se filtraban hacia los EEUU, objetivo final.

CASRECH (Cámara de Autoservicios y Supermercados de Residentes Chinos, se ocupa supuestamente de asistir a los dueños de súper chinos en la compra de mercadería y temas legales) nuclea “a más de 3186 Autoservicios y Supermercados de Propiedad de Residentes Chinos en CABA y GBA y un total de 1.502 en el resto del país, lo que hace más de un 80% del total”.

No es lo mismo José, a quien hoy le dejan notas de aliento vecinos y repartidores de gaseosa, que el chino de la vuelta que subalquila y anda recorriendo chinos en una Mercedes Sprinter, ni que los “chinos rubios” que toman whisky y juegan al dominó a las 3 de tarde junto a dos peceras llenas de ranas gigantes en un restaurante siempre vacío. Cierto es que también, a su vez, los chinos “no porongas” emplean a peruanos, paraguayos y bolivianos en negro, están eximidos de pagar algunos impuestos, concesionan carnicerías y verdulerías arbitrariamente, cortan la cadena de frío dos veces al día y compran mercadería a piratas del asfalto (gracias por el vino bueno y barato). No jodamos, acá nadie viene a hacer turismo filantrópico.

Si tenemos en cuenta que en Capital hay un súper chino cada +/– 8 cuadras y todas estas historietas (tráfico de personas, choreo, ajustes mafiosos, etc.) transitan por un punto ciego, paralelo a la realidad, no cuesta nada concluir que alguien o unos cuántos se están haciendo los pelotudos. En fin, fuerza José, vamo chino.