Crimen y Castigo

Fantasías y muerte en una pequeña aguafuerte carcelaria

Ese día Federico Ezkrkowicz se despertó antes de tiempo, de noche todavía, en la cárcel bonaerense de Florencio Varela. En la unidad penitenciaria número 32 todo era silencio. El alba del domingo 8 de mayo asomaba a lo lejos, detrás de los yuyos del campo. Ezkrkowicz ni siquiera reparó en eso. Había tenido un sueño intenso y estaba cachondo. Lejos de conciliar el sueño, buscó la foto de la piba. Era la hija de su compañero de la celda 12, José Ismael Juárez Barros. Ese tenía 33 años, como Cristo y uno más que Ezkrkowicz. Pero lo de Cristo, ya se verá, no tiene nada que ver con esta historia.

Al polaco le gustaba la piba de la foto: era una pequeña morochaza incipiente, o quizás ni siquiera tanto, pero su pose alcanzaba para que Ezkrkowicz bajara una mano a su miembro, que ya estaba duro desde antes. El polaco comenzó a darle y darle. Con la foto por delante y la mente caliente, volando por fuera del penal de Florencio Varela, al cabaré de ruta más cercano, donde una paraguaya mental lo recibía, se tomaba una copa con él y lo llevaba de la mano hasta el fondo de su ser.

Tal vez se le escapó un gemido.

Algo despertó a Juárez Barros, que tardó en darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Cuando lo vio no lo pudo creer. Los penitenciarios decían que Juárez Barros era un tipo peligroso. Que nunca se sabía en qué estaba pensando. Ezkrkowicz no debería haber hecho lo que hizo. Y si lo hacía, no debería haber dejado de vigilar, por el rabillo del ojo, al padre de su fantasía.

Antes de la salida del sol, Juárez Barros le saltó encima, sacado, como una fiera que echa rabia espumosa por la boca. Lo que había visto era una ofensa y una infamia. Daba asco. Y merecía un castigo.

*

Cuando el sol terminó de asomar y el pabellón 6 despertó al día, los penitenciarios encontraron a Juárez Barros echado sobre el polaco, en un baño de sangre. “Cuando Barros vio a su compañero masturbándose, comenzó un ataque violento que no terminó una vez asesinado”, dijeron después. “Barros tomó dos bloques de cemento que usan para el catre y se los clavó repetidamente en la cabeza. No contento con eso, una vez el cuerpo inerte y sangrante, intentó cortarle la cabeza con una faca. Así lo encontramos”.

Los penitenciarios se impresionaron tanto que se excusaron de llevarlo a declarar a la fiscalía, al día siguiente. En cambio, fue trasladado por agentes de la comisaría 5ª, que instruye la causa, bajo mandato de la fiscalía descentralizada número 2 de Florencio Varela.