Memoria del crimen

113

I

Fabián tenía 17 años y Carolina 14 cuando se conocieron en la casa de un amigo que tenían en común, durante una fiesta en el verano de 1993. Nunca más se separaron: siguieron las charlas, las salidas y las cosas en común. La amistad se hizo amor en poco tiempo: un amor documentado en el diario de ella y en las cartas que ambos se escribían. Era un sentimiento sincero y transparente que en breve los encontró cursando en el turno noche del segundo año del colegio Marcos Sastre, de Tigre. “Eran buenos alumnos, con siete de promedio”, dijo por entonces unos de sus profesores.

Pero las discusiones, las manipulaciones y las escenas de violencias comenzaron a surgir entre ambos: Fabián era terriblemente celoso. Según algunos compañeros del colegio, más de una vez se los vio discutiendo en los pasillos. Pero nadie se interpuso nunca. A veces él la golpeaba, pero después se reconciliaban y le prometía que jamás le levantaría la mano de nuevo.

II

Diez días antes del asesinato ya no se veían más afuera del colegio. La relación había tenido una de sus muchas interrupciones por el maltrato. El padre de la víctima, Edgardo Aló, señalaría después de la tragedia: “Cuando se puso de novio con Carolina, Fabián estaba saliendo de un grupo de skinheads: los conoció en un boliche, pero cuando se dio cuenta de que eran nazis los largó. Le costó mucho abrirse porque ellos lo golpeaban, a tal punto que dos veces llegó a casa con la cabeza destrozada. Por eso lo puse a trabajar conmigo en el taller, para tenerlo cerca y ayudarlo”. En la familia Aló lo querían: desconocían el siniestro personaje que se escondía detrás de la figura de un joven estudiante y trabajador.

Como en la estructura de una tragedia, hay una lógica detrás de las 113 puñaladas con las que Fabián Tablado, de 20 años, mató a su novia, Carolina Aló, de 17, en la noche del 27 de mayo de 1996, hace poco más de 15 años. Es la lógica implacable de la violencia, con su ciclo renovado de golpes, reconciliaciones, impunidad y promesas de cambio. En esa lógica, el asesinato fue solamente el último acto: previsible y anunciado por muchas señales que nadie quiso ver.

“Esta fue la crónica de una muerte anunciada, la conducta de Fabián se corresponde con situaciones de violencia en una pareja y con un típico desenlace fatal. Esto fue posible porque también hubo un entorno social que no hizo nada para impedir esa violencia, dándole así una gran impunidad a Fabián, que se sintió con permiso para llegar hasta el final”, opinó el psicólogo forense Jorge Corsi.

III

Ese lunes los padres y los hermanos de Fabián habían ido a cenar a lo de sus abuelos. Fabián y Carolina salieron un hora antes de la escuela (algunos testigos dijeron que Carolina fue sacada a la fuerza) y fueron a la casa de él, que estaba vacía. Ella cumpliría 18 años el martes siguiente; tenía a sus espaldas tres años de noviazgo y le faltaba poco para terminar quinto año. Pero nunca llegó a soplar sus velitas.

La relación estaba encaminada al quiebre definitivo por los constantes maltratos y las manipulaciones. Fabián la celaba permanentemente y estaba obsesionado con la ruptura de la relación, tal es así que a su mejor amigo, Luis María Vallejos, le había comentado varias veces su deseo de matar a Carolina si ella quisiera dejarlo. Y hasta llegó a proponerle un pacto por el cual matarían los dos a sus respectivas novias. Luis creía que era una broma de mal gusto, pero después se daría cuenta de que Fabián hablaba en serio.

“Le iba a dar la sorpresa que tanto había deseado ella”, le contaría él a Clarín unos días después. Quería que Carolina quedara embarazada esa misma noche. Pero un instante antes de cumplir con su deseo, ella se lo sacó de encima: no quería un hijo. “¿Qué hacés? ¿Estás loco? ¡Pará!”, fue todo lo que le dijo. El novio no esperaba esa reacción. “Fue como un flash”, reconocería después: un flash largo y terrible que lo dejó más despechado que nunca.

Como sea, Fabián decidió terminar con la relación y con la vida de su novia. Bajó las escaleras hasta la cocina y tomó un cuchillo para asestarle a Carolina una puñalada en el cuello. Según los médicos forenses esa herida fue fatal. Pero el asesino le dio 112 puñaladas más. Utilizó tres cuchillos y un formón –una herramienta que se suele usarse para trabajar maderas-: los cuchillos se rompían a medida que le infringía las decenas de puñaladas y él debía volver a la cocina a buscar más, hasta que con el formón terminó la tarea.

La habitación en la que habían pasado muchos momentos felices se había convertido en la escena de un crimen espantoso. La sangre teñía todo.

IV

Después del asesinato, Fabián llamo por teléfono a su amigo, el mismo al que le había propuesto el pacto de asesinar a las novias, y le comento lo que había hecho.

– ¿Te acordás de lo que te dije? –le preguntó-. Bueno, lo hice. La corté por todas partes con cuchillos.

Su amigo no pudo guardar el secreto y llamó a la policía para denunciar su asesinato. La manera en que lo detuvieron fue realmente singular: el oficial Julio Calderón se presentó en el lugar y tocó la bocina tres veces. Cuando Fabián salió, le dijo:

– Vengo a detenerte porque le pegaste a tu novia.

– No le pegué, la maté -lo corrigió el asesino.

En 2004, Fabián fue condenado a 24 años de prisión.

El tribunal entendió que no hubo alevosía porque la víctima no concurrió engañada a la escena del crimen (la casa de los padres de Tablado, en el Tigre). “Era un lugar al que habitualmente iba la pareja y no fue necesario ningún engaño para que ella vaya a ese sitio”. Como Tablado le anunció a un amigo que iba a matar a Carolina, no creó las condiciones para un obrar seguro: su amigo u otra persona podrían haber ido al lugar para evitar el hecho. Tampoco hubo ocultamiento. Pese al “impresionante número de heridas”, el juez consideró que no hubo ensañamiento, ya que esas puñaladas no apuntaron a generar sufrimientos innecesarios a la víctima (como exige la ley para aplicar esa calificación). No obstante, reconoció que “nadie puede negar que la fallecida sufrió enormemente”. La herida mortal fue en el cuello y la muerte se produjo en 2 ó 3 segundos. Las restantes lesiones, producto de “una reacción colérica”, fueron producidas antes de la muerte, durante cinco a diez minutos. Otro de los jueces, en cambio, sostuvo que los agravantes existieron: que hubo alevosía porque el autor “ha meditado y preelaborado el homicidio, y eligió de antemano el lugar para su obra criminal”.

Tablado  inició una relación en la cárcel con Gabriela Palavecino, con un vínculo que se fortaleció por cartas entre 1999 y el 2001. El amor había vuelto a encontrar al muchacho violento de Tigre. En una de las visitas de Gabriela al penal, Fabián la atacó con una bombilla para tomar mate. Después explicó que lo hizo porque llevaba un par de pantalones demasiado ajustados.

 

Links:

– Fabián Tablado podría quedar libre, en C5N.

Las cartas de Fabián Tablado, en Noticias.

– Fabián Tablado se casó en la cárcel, en Página 12.

Juan Pablo Robledo es egresado del Postítulo en Comunicación y Licenciatura en Periodismo en la Universidad Nacional de Rosario, y cursa la Licenciatura en Historia de la misma casa de estudios. Es columnista de la revista Rosario, su historia y región, colabora en el suplemento Señales, del diario La Capital, y es redactor en la sección policiales del diario El Ciudadano.