Pesquisas

En busca del duende golpeador de Santiago del Estero

“Por aquí no vas a pasar”, le dijo el enano de ojos rojos y orejas grandes a Rubén Luna. El hombre creyó que era un chiste, que un lunes a la noche nadie en la pequeña localidad de Suncho Corral (situada en el campo de Santiago del Estero) se interesaría por cortarle el paso. Pero no era broma. Cuando Luna se dio vuelta, el enano lo golpeó fuerte y lo echó al piso. Luna quiso defenderse y alcanzó a tocar a su pequeño agresor y a sentirlo como de algodón, pero el diminuto ser era más rápido y más fuerte que el viejo Luna y se le escapó de entre las manos para golpearlo de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, porque era enano pero tenía la fuerza de un gigante, mientras el viejo quería pedir ayuda pero la voz no le salía y sentía que quedaba al borde de la inconciencia. Cuando el enano detuvo la lluvia de golpes, el otro se incorporó como pudo y echó a andar, lastimoso, hasta la plaza principal, donde algunos vecinos lo auxiliaron y lo llevaron al hospital.

Cuando Luna pudo recuperarse le dijo a un periodista de Nuevo Diario que no iba a hacer la denuncia: “Los policías no van a poder hacer nada, no lo van a encontrar”. Se resignó, pensando que la aparición del enano maldito se debía a la magia negra de alguno. “No se me ocurre otra cosa”, dijo. Es que Luna, como todos los habitantes de Suncho Corral, ya sabía de las fechorías del enano antes de sufrirlas en carne propia.

Suncho Corral es un pueblo de empleados municipales y de trabajadores que pasan los días en el monte y con el carbón. Nunca ocurre nada. Hasta que un día, de repente, llega el enano y ocurre todo. El viejo Luna no era la primera víctima. El sábado 28 de mayo -dos semanas antes del ataque al viejo-, pasada la media noche, un chico de 14 años que salía de una fiesta de cumpleaños y eligió ir solo, separándose de sus amigos, por un camino más corto pero también más oscuro, fue alcanzado por el enano en los fondos de la escuela primaria número 675. Según consta en la denuncia que hizo en la comisaría seccional 28ª, el enano lo echó al piso y lo molió con sus puños pequeños pero duros.

La segunda víctima fue un niño, sorprendido en la calle: el enano le pegó sin decirle nada. Un vecino del barrio Norte iba en bicicleta cuando el enano le hizo perder el equilibrio. Los dos dijeron que sintieron un calor intenso ante la presencia del enano, y que, como el viejo Luna, no pudieron gritar por más que quisieron.

Es verdad que el viejo Luna nunca hizo la denuncia. Así lo confirma un oficial de la comisaría de Suncho Corral, que le dice a El Identikit que lo único que hay son versiones aquí y allá, pero ninguna pista real. Y desestima por completo la seriedad de esta última víctima: “Esta persona a la que se le ha aparecido el enano es enferma y alcohólica, y su forma de expresarse no es clara. Aquí lo vemos en la calle siempre en estado de ebriedad”. El policía agrega que patrulla las calles del pueblo toda la noche. “Nunca he notado nada raro”, dice, sin darle interés al asunto. Sin embargo, la comisaría seccional 28ª lanzó un comunicado algunos días atrás para pedir precaución en las zonas oscuras. Los padres, temerosos, ya no dejan andar solos a sus hijos. Y el cura Juan Cruz Fariña, de la iglesia San Miguel Arcángel, consideró que tal vez el asunto del enano se trata de un conjuro de magia negra… o tal vez no: “En este caso nada asegura que el caso sea una posesión, pueden ser muchas otras cosas, la imaginación o una simple confusión de los suncheños. Por eso pido que se tomen todo con mucha calma y, sobre todo, con fe en Dios. Todos los fenómenos tienen su explicación”.


Ver Suncho Corral, Santiago del Estero en un mapa más grande

Del otro lado del límite provincial con Catamarca, Jorge Claramonte tiene algo para aportar. El hombre conduce a la medianoche el programa Zona negra en la radio Valle Viejo, donde recoge los testimonios de los oyentes que han presenciado hechos paranormales. “Acá en Catamarca tenemos montones de historias de enanos, de pitufos y de duendes aparecidos: en los últimos años hubo un auge”, cuenta. Claramonte no duda de lo que escucha. Dice que le cree al noventa por ciento de la gente y que él mismo se encarga de desenmascarar a los que quieren engañarlo. “Por lo que nos han descripto los oyentes”, continúa, “los duendes son pequeños, visten ropa que no es de esta época, van de rojo o de verde y usan sombreros grandes. Tienen aspecto de ancianos. Una señora nos dijo que tenían el tamaño de un paquete de yerba de un kilo. Son muy rápidos, a tal punto que algunos se desplazan sin tocar el suelo y otros de a saltitos”.

Aunque Claramonte no conoce el caso del enano de Suncho Corral, recuerda bien otra historia de un duende agresivo: la del Pitufo Enrique, célebre criatura catamarqueña que hace diez años asoló a la localidad de Banda de Varela, cercana a la capital de la provincia, convocando a los medios e inspirando una película, un cuartetazo y un perfil de Facebook. Primero se presentó en una remisería, donde dos choferes tomaban mate, esperando algún viaje. “A uno de ellos lo agarró, lo revoleó por el aire y lo golpeó mal”, evoca Claramonte. Después de algunos días, el Pitufo Enrique visitó la subcomisaría del pueblo y encaró con sus ojos encendidos al cabo Miguel Carlos Agüero, de 37 años, diciéndole que llegaba a buscarlo de parte de Satanás. El parte oficial enviado por la comisaría 3ª dice que a la una y media de la madrugada se despachó un móvil al lugar porque durante tres oportunidades se había intentado tomar contacto por radio, en vano. El cabo Agüero estaba sentado en una silla, con la mirada perdida, y cuando lo quisieron hacer reaccionar entró en shock y se puso a gritar por el pitufo. Otra versión, recordada por Claramonte, es diferente: “El agente describió al enano con cara de diablo y ojos rojos, y también fue golpeado por el duende. Nunca más pasó nada en esa localidad, pero tenemos por testimonio de los propios vecinos de que se practica mucha magia negra, que lleva a ver alucinaciones y cosas irreales, aunque es un hecho que al remisero y al policía los han golpeado”.

Al margen de los enanos agresivos, muchos se muestran generosos y compañeros. Beto Casella contó alguna vez sobre “la increíble relación que unía a Jorge Guinzburg con los duendes”. La anécdota es que Guinzburg sufría asma de chico y por eso tuvo que mudarse con su familia a Santa Rosa de Calamuchita, en Córdoba, donde, en un paseo por el monte, se encontró con un duende verde, con ojos fulgurantes y cara amigable. Según el animador, Guinzburg siempre le agradeció al duende cordobés por la cura de su asma. Incluso pudo hacerlo cara a cara cuando el pitufo se presentó, una vez, en su departamento de Buenos Aires. “Es así: en la mayoría de los casos los duendes son buenos”, señala Claramonte. “Pero hay alguno agresivo y mal llevado… bah, como todos, ¿no?”.