Pesquisas

Solange Grabenheimer: cómo seguir investigando

HIPÓTESIS 1: EL ALBAÑIL

Hace cuatro meses meses que el hombre trabaja en la obra en construcción que se alza al lado del edificio de cuatro PHs reciclados de Güemes 2280, en el soleado barrio de Florida, en Vicente López. A la obra todavía le falta bastante trabajo y los albañiles van de lunes a viernes de 8 a 12 y de 13 a 17. El esqueleto de cemento también es propiedad de la dueña que los PHs donde habitan Solange Grabenheimer y Lucila Frend, Sol y Luli, las chicas del timbre 3. Y es una de ellas la que arregla para que él haga unas refacciones en su casa. El primer trabajo es sobre una escalera que lleva a un entrepiso. El segundo, sobre el portero eléctrico. El tercero, sobre un cable del televisor.

Entre Sol y el hombre de la obra hay cierta confianza y un día él le pide permiso para ingresar una escalera a la casa a través del pequeño balcón que se comunica, mediante un puente, con el techo de la obra. Otro día es ella la que hace el camino inverso: se ha olvidado las llaves y es la única opción que tiene para salir. En algún momento, mientras repara la escalera, el albañil aprovecha una oportunidad a solas con la doméstica de Sol y le pregunta si la chica tiene novio. Ella le contesta que sí, pero el albañil no se achica y le pide el celular. La doméstica le dice que no lo tiene. Cuando finalmente lo consigue por otra vía, el hombre la invita a salir y, aunque Sol se le niega, ya no podrá olvidarla.

Es miércoles, 10 de enero de 2007, cuando toma la decisión. Está obsesionado y es muy temprano en el momento en que se dirige al techo, de donde pasa al puente, y luego empuja suavemente la puerta del balcón, sabiendo que la cerradura está rota. Ahí duerme Sol, en remera y culotte, cuando el tipo se le echa encima, cubre su boca y aprisiona sus brazos. Quizás intenta abusar de ella, pero se pone nervioso y decide terminar todo cuanto antes, lo más rápido posible…  Pronto sobreviene el horror del crimen a puñaladas.

HIPÓTESIS 2: EL CRIMEN POR ENCARGO

Santiago Abramovich –el novio de Sol-, Valeria Kohan –la prima- y Luli llegan a la casa de Güemes 2280 cerca de la medianoche. Durante todo el día Sol no ha aparecido ni respondido a las llamadas. A la noche tampoco va a un cumpleaños adonde la esperan y por eso sus amigas deciden ir a buscarla al lugar donde Luli dice haberla dejado: en su propia casa. Apenas entran a la casa escuchan el despertador, que todavía suena, clavado en el horario 10:30. La escena es tétrica y presagia lo peor. Luli ya viene asustada, tanto que le ha pedido a Santiago que también las acompañe. Le dijo que tenía una mala sensación. Ahora él sube por la escalera que lleva a la habitación de ella y descubre lo peor: la escena es horrible. “Ya sabemos de dónde viene esto: del lado de Robbi”, es lo que dice el muchacho en algún momento, según contará Luli en el juicio. Sin embargo, él impugna durante la instrucción la presencia de Luli a su lado.

Robbi es Roberto Grabenheimer, padre de la víctima y dueño de un negocio de autopartes en la calle Warnes. “Yo no sé quién mató a Sol pero sí sé algunas cosas que me dijo que la ponían nerviosa y pensé que podía haber una amenaza. Estaba preocupada cosas en las que la metía Robbi”, indicará Luli en el debate, refiriéndose a algunas propiedades que aquel estaba poniendo a nombre de su hija –y tal vez a otras cuestiones. “Esa es otra de las hipótesis de Lucila”, desmentirá en la puerta de los tribunales la madre de Sol, Patricia Lamblot, divorciada del padre. “No había ningún negocio raro. Mi ex marido tiene un local de polarizados en Warnes desde hace treinta años. Había fallecido el abuelo de Sol, por eso estaban poniendo algunas propiedades a nombre de ella, y eso la ponía muy nerviosa porque era muy jovencita y no sabía lidiar con abogados”.

El interrogante, a fin de cuentas, es por la posibilidad de que el crimen se deba a una venganza contra el padre de Sol. ¿Fue un sicario? Durante el juicio, los abogados defensores y los padres de Luli denunciarán amenazas de parte del hombre, en un ascensor de los tribunales. “No es cierto lo que dice el señor”, responderá Grabenheimer, al borde de un escándalo que termina con su expulsión de la sala. “Si no tengo derecho a ver el juicio de mi hija…”, alcanza a quejarse.

HIPÓTESIS 3: LA MUCAMA

Berta, la empleada doméstica de la familia de Santiago Abramovich, siente que Sol –la novia de aquel- la molesta cada vez que va a visitarlo, que la provoca y que la empuja cuando pasa a su lado. Pero en la noche del 9 de enero de 2007 llega a un límite y le da un sacudón a Sol, en la cocina: “¡No juegues conmigo, me estás perjudicando!”, le grita. Sol tampoco la quiere: cree que Berta seduce a su novio y quiere que la echen. Santiago interviene a tiempo para separarlas. La joven pareja se retira y las bandejas de milanesa con puré que la doméstica les había preparado para cenar quedan intactas hasta el día siguiente. En su última noche, Sol vuelve a su casa y –según declara Luli- encuentra a su compañera hablando por teléfono. En ese momento le cuenta sobre la pelea. A las cuatro de la madrugada del día 11, una vez descubierto el cadáver de Sol, la policía, enterada de la discusión en la cocina, llega a la casa de la familia Abramovich: busca a Berta. ¿Fue ella? Pocos días después queda desvinculada de la causa, pero nadie olvida la extraña anécdota.