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Osvaldo Aguirre: “la ruina de un periodista es convertirse en un editor y vivir en la redacción”

“Sólo leo policiales, deportes y la tira de ‘César, el capitán sin miedo’ –dijo Germán.- ¿Quién es Fabio Vincenti?”.

Germán es el protagonista de la trilogía de novelas que el periodista Osvaldo Aguirre entrega bajo el sello Negro Absoluto –trilogía que con El novato llega a un primer fin, aunque su autor no descarta la continuidad. Germán es, también, un personaje que escribe noticias policiales en el diario Crítica y cuya figura aventurera se inspira de lleno en Gustavo Germán González, el mítico GGG, una leyenda oculta del periodismo argentino, sólo celebrada en el mundillo de los cronistas policiales. Y Osvaldo Aguirre es uno de ellos aunque haya dejado esa sección hace ya tiempo para tomar el cargo de editor del suplemento Señales, la página cultural del diario La Capital, de Rosario.

– Hace mucho que no había una colección de novelas policiales -dice Aguirre sobre Negro Absoluto, que es dirigida por Juan Sasturain- por eso actualiza una gran tradición de género y lo hace con muy buenos autores, como Ricardo Romero, Leonardo Oyola y otros que le dan a la colección una variedad de edad y de estilo.

Él sabe de lo que habla, como buen lector de las selecciones de Sol Negro, de Tiempo Contemporáneo y de La Muerte y la Brújula. En El novato incorpora a un nuevo personaje, aquel Fabio Vincenti, un aprendiz de cronista.

– Siempre hay que estar aprendiendo -considera. – Veo que los periodistas de mi generación, que se acercan a los cincuenta años, están como adormecidos: la ruina de un periodista es convertirse en un editor y quedarse siempre en la redacción. Contra eso, el trabajo de campo y la calle son necesarios para mantenerse vivo. Y la transmisión de la experiencia es algo importante e inadvertido en el oficio periodístico, a veces tapado por la rutina.

En su nueva novela, entonces, Aguirre ha querido rescatar las preguntas, las dudas y la mirada de un novato, “que puede ser una mirada más despierta y abierta, en un punto”, según cree. Y aunque no extraña la sección de policiales, sigue despuntando el vicio de narrar la muerte violenta en libros de historia del crimen (como Enemigos públicos, La Chicago argentina o Historias de la mafia en la Argentina), en crónicas periodísticas (como La conexión latina) y en novelas (como las tres que ha escrito para Negro Absoluto: Los indeseables, Todos mienten y El novato). Además, es autor de varios volúmenes de poesía y de cuentos. En suma, Aguirre es un autor versátil, prolífico y destacado, que escribe con método y sin pausa desde su guardia rosarina.

De paso por Buenos Aires, el autor de El novato propone el encuentro en el café Los 36 Billares, un reducto de la ciudad clásica que quizá le recuerde a aquella Avenida de Mayo pintoresca de la década del treinta, que tenía entre sus edificios a la redacción del diario Crítica –a pocas cuadras del café-, cuya sirena convocaba multitudes cuando alguna noticia destacada se imponía. Esa célebre redacción (hoy tomada por la Superintendencia de Administración de la Policía Federal Argentina) es uno de los escenarios de El novato y de las otras dos novelas que completan la saga, que fue dejando de lado las referencias históricas a medida que avanzaba.

– Por más que transcurran en el pasado, estas novelas hablan de nuestros días porque uno siempre lee en el presente -señala el autor. Y si bien han pasado ya ochenta años, la década del treinta ha quedado arraigada en la cultura popular argentina con algunos protagonistas como Carlos Gardel, Roberto Arlt y Severino Di Giovanni.- Esa década tiene una serie de fenómenos criminales interesantes. Algunos vienen de épocas anteriores pero tienen su auge en esos años, como las mafias sicilianas y los tratantes de blancas, además de la “policía brava”… que era realmente brava. A la vez, existía un periodismo muy fuerte y audaz, sobre todo a través del diario Crítica.

Y sobre periodismo fuerte y audaz hablan, también, las tres novelas de Aguirre. Escribir sobre GGG fue para el rosarino una forma de procesar, de contrabando, su propia experiencia como cronista policial, aunque no siempre la recuerde como la mejor. De hecho, sus diez años como miembro de aquella sección (que recopilan las crónicas de su libro Notas en un diario) terminaron por el hastío que le provocaba la charla de los policías.

– Llegó un momento en que no soportaba más hablar con ellos. Ya no les creía. Siempre detesté a la policía, pero como cronista tenía que tener una buena relación al menos con algunos policías. Pero ellos percibían rápidamente, así como identificaban a la gente de derechos humanos, a los periodistas que hacían denuncias. Yo siempre tuve presente aquello de Rodolfo Walsh, de que la máquina de escribir también puede ser un arma, aunque después llegué a pensar que tal vez no era tan así: uno puede hacer denuncias y escuchar todas las voces, pero no siempre da en el blanco.

En cambio, su personaje Germán –aquel GGG- ama el periodismo policial y lo vive a fondo.

– Fue un personaje de leyenda y en su misma vida estaba muy entremezclada la ficción -indica el hombre que lo trajo de nuevo a la vida.- Se hizo popular con una serie de notas, presentándose como un periodista sin escrúpulos. La escena que siempre se recuerda de él es a propósito del crimen del concejal Carlos Ray, en 1927, cuando GGG se vistió de plomero para meterse en la autopsia y salir con la primicia de los resultados. Natalio Botana, en el cenit de la consagración para un periodista de la época, publicó el retrato de González en la portada del diario.

Aguirre dice que hoy, cuando el periodismo se ha convertido en una máquina poco romántica, hay un solo periodista que le recuerda a González: Ricardo Ragendorfer, el tremendo Patán.

– Él sigue siendo un cronista, sigue en la calle y todavía mantiene una conciencia del oficio y de la tradición. No es casual que titule a uno de sus libros La secta del gatillo, como una serie de notas policiales de Rodolfo Walsh, o que duplique el gesto de GGG de meterse en la autopsia, haciendo lo mismo en la del cantante Rodrigo.

Las vueltas del camino –como tituló Aguirre a su primer poemario, en 1992; como titula ahora a su bitácora– han llevado al autor de El novato a convertirse en un hombre de varios mundos literarios, que, no en vano, considera a los textos de género indescifrable (“donde uno no sabe si es una novela, un ensayo o una investigación”) como sus preferidos.

– La experiencia de periodista es útil para escribir ficción, y viceversa -acepta.- He utilizado procedimientos periodísticos como las entrevistas y los documentos para elaborar algún cuento. En general es al revés, pero esto también es muy productivo. Además el discurso periodístico es una máquina de producir estereotipos y aunque uno no quiera eso se pega, por eso hay que batallar en contra y reflexionar siempre. Hay que trabajar contra el oficio, como dice Fabián Casas, contra lo que a sale automáticamente.