Crimen y Castigo

¿Qué es la ley Piazza?

El silencio encontró una grieta el pasado martes 4 de octubre, cuando la presidenta Cristina Fernández promulgó la “ley Piazza”, tal como se conoce a la legislación que amplía el artículo 63 del Código Penal y establece que los años para la prescripción de los delitos contra la integridad sexual de los menores comienzan a contar a partir del momento en que la víctima cumple 18 años de edad. De esta manera se extiende el plazo para reprimir ese tipo de ofensas, con vistas a darle la posibilidad a las víctimas para hacer las denuncias correspondientes en un marco temporal que encuentre al delito aún punible.

El proyecto había sido propuesto por el diseñador Roberto Piazza, junto con sus abogados Lidia Morselli y Rafael Matas –y presentado en el Congreso por la senadora María Eugenia Estenssoro-, luego de confesar en su libro “Corte y confesión” un prolongado abuso de parte de su hermano mayor, Ricardo, que comenzó cuando el modisto tenía 5 años y culminó a sus 17. Hoy Ricardo está preso en Santa Fe, acusado de ofensas sexuales contra su hijo. El caso no es un hecho aislado: se calcula que un 25% de las niñas y un 12,5% de los niños menores de 16 años han sido abusados. En el 90% de los casos, el abusador es un hombre y en el 80%, es un conocido de la víctima. Los casos sin denuncia son, dentro de estos índices alarmantes, también mayoría.

“Yo pienso que el porcentaje de abuso infantil es aún más alto, pero el ser violado y abusado implica un disvalor social e incluso un impedimento para el o la adolescente, para la formación de pareja; aparte de que la niña o el niño tratan de encapsular ese recuerdo y no hacerlo consciente, y recién aparece cuando es adulto y el grado de madurez es mayor”, opina Hugo Marietan, médico psiquiatra, especialista en psicopatías y docente de la Universidadde Buenos Aires. “Aparte, cuando la niña le dice a la madre que ha sido abusada por un conocido, ésta suele no darle crédito: esa complicidad es tan reiterativa que ya es motivo de estudio. Por eso estoy totalmente de acuerdo con esta ley”.

Desde la oenegé Ayuda a Víctimas de Violación (AViVi), María Elena Leuzzi se alegra: “Todo suma”, dice. Y cuenta que la mayoría de las personas que acuden en busca de ayuda guardan el trauma de un abuso infantil de vieja data. “Buscan acompañamiento psicológico, contención y tratamiento: llevaron esa mochila de dolor y de silencio durante mucho tiempo y hoy, que encuentran un lugar como el nuestro, se acercan para descargar todo eso”, dice Leuzzi. Y advierte que la cantidad de denuncias será alta. El abuso siempre es difícil de probar, aunque haya ocurrido ayer. Pero el daño psicológico que acarrea no se puede fabricar ni fabular porque los síntomas son muy fuertes y fáciles de detectar. Incluso, y por muy pequeño que sea y aunque no pueda articular un discurso, el niño que ha sido abusado muestra ciertos trastornos”.

La ley Piazza es saludada por todos. Pero entre las reacciones que han surgido de parte del Estado para combatir al abuso sexual, quizás la castración química –utilizada en Mendoza y estudiada en Santa Fe- sea, todavía, una polémica sin conclusión. “Está basada en la teoría de que los violadores tienen un exceso de testosterona que los obliga a atacar, y en consecuencia les dan una hormona que les produce el descenso hormonal”, explica el psiquiatra Marietan. “Pero hay otro componente, que es mucho más importante, y es el deseo de poder sobre el otro. De modo que la castración puede ser contraproducente, porque el violador, al no tener erección, puede llegar a herir o matar a la persona atacada”.