Pesquisas

Chascomús busca justicia por el crimen de Emilio Blanco

En Chascomús, Mónica Brucetta sabe que a todo el mundo –porte o no divisas policiales- le llega la hora de enfrentar a la verdad. Por eso no abandonó nunca la búsqueda de justicia para su hijo, Emilio Blanco, un chico de 16 años que cursaba cuarto año, estudiaba inglés pensando en irse a Inglaterra y leía con avidez la revista Descubrir; asesinado el 28 de septiembre de 1997, cuando salió a bailar sin imaginar que sería detenido, conducido a la comisaría 1ª –que quedaba a cinco cuadras de su casa- y torturado hasta el final.

Sólo hoy, a catorce años del crimen y luego de una larga guerra contra la negligencia y la mentira, la hora está llegando: un teniente de la policía bonaerense con retiro activo, Fermín Eleodoro Basualdo, que prestaba servicio como jefe de calle en esa comisaría, fue detenido el jueves 6 de octubre, imputado por la jueza de Dolores Laura Inés Elías por “imposición de torturas agravadas por la muerte”. Por su parte, el comisario con retiro activo Tomás Antonio Freites fue llevado a indagatoria, procesado por “omisión de evitar la tortura”. Otros cuatro uniformados (Juan Carlos Papastrabru, Nelson Ariel Ramírez, José Alberto Manzzini y Débora Cerquetti) fueron acusados y dados de baja, pero su participación concreta nunca se demostró.

El asesinato de Emilio Blanco es un hito en la historia del oscuro poder policial en Chascomús, una ciudad de 35 mil habitantes que llegó a ver movilizados a 10 mil en busca de justicia. Su muerte fue disfrazada por los agentes como un accidente de tren, pero después de un año de lucha su familia logró que se la caratulara como un homicidio calificado, gracias a los estudios de los peritos dela Corte Supremaque echaron por tierra la disparatada versión de un accidente y dejaron en claro que al muchacho lo habían golpeado salvajemente. El testimonio de un sargento aportó un dato clave para dirigir las sospechas hacia la cúpula de la comisaría, cuando declaró que había reescrito el libro de guardia omitiendo la entrada de Blanco.

“Tomamos muy bien la noticia de la detención, pero a medida que pasan los días nos damos cuenta de que Emilio sigue ausente”, se lamenta su mamá, y dice que el próximo paso es saber por qué lo mataron. Es que el móvil nunca estuvo claro. Y para peor, diez días después apareció otro adolescente sin vida –Marcos Gonzalía, de 18 años-, cuya muerte se vinculó a la de Blanco: se dijo que Gonzalía trabajaba en un lavadero de autos y que había limpiado la sangre de un patrullero (supuestas señas del primer crimen). Pero lo más probable –y lo que opina la madre de Emilio- es que la muerte de Gonzalía no estuvo relacionada, y que la versión que la vincula en realidad buscó amedrentar a cualquiera que quisiera hablar sobre el caso de Emilio. Brucetta también cree que a su hijo lo confundieron con otro del mismo apellido. “Parece que estaban buscando a uno que, según dicen, estaba relacionado con asuntos de drogas, aunque nunca se comprobó nada”, sigue. “Lo que sí sabemos hoy es que en ese momento se detenía de manera irregular a muchísimos jóvenes”.

“Aquel dicho de ‘pueblo chico, infierno grande’ se ajusta bien a Chascomús, un pueblo pacato donde si te pasa algo, tenés que golpear las puertas a ver quién te ayuda”, opina otra vecina que conoce bien los horrores del crimen. Se trata de Mabel Ponce de León, la tía de Mauricio, el chico mejor conocido como “Perico”, que fue asesinado cruelmente el 26 de febrero de 2005 por su “amigo” Diego Urquiaga. “Cuando mataron a Mauricio escuchamos a mucha gente que se resignaba y decía: ‘Acá no va a pasar nada, como en el caso de Emilio Blanco’. Pero me desesperé por encontrar al culpable y lo logramos. La madre de Emilio tampoco dejó de moverse en todos estos años y ahora la justicia está más cerca”.

Sin embargo, el camino por recorrer todavía es largo. Y Mónica Brucetta lo sabe bien: “Basualdo está señalado como coautor. Eso quiere decir que hay más autores. Nosotros siempre investigamos y motorizamos la causa y ahora vamos a seguir buscando”.