Cuerpos

Tango que me hiciste mal

Sorprendido en el zaguán del PH al que había llegado algunos meses atrás, Hugo “Peche” Estévez, el cantor y guitarrista de Buenos Aires Negro, no esperaba el ataque de Myriam Raquel Rosa Rosadilla, una vecina perturbada de 46 años que lo punteó con un cuchillo en la mano y la decisión absurda y malvada de quitarle la vida. Todo ocurrió en un instante, en la noche del sábado 1º de octubre pasado, y significó una grave pérdida ipara la escena del tango más podrido.

En su desquicio, aquella mujer sólo vio en el músico a un enemigo íntimo: en esa casona del barrio Tropezón, de San Martín, la convivencia vecinal se transformó en un duelo y Rosadilla ni siquiera amedrentó con las denuncias que pesaban en su contra, radicadas por varios vecinos que conocían el peligro real de vivir cerca de ella, incluido el propio Estévez.

El hijo menor de Peche, de diez años, sintió la deforme presencia de la vecina un día en que estaba solo en su casa y escuchó el cuchillo arañando la puerta. Era Rosadilla, del otro lado. Estévez, que se enteró por teléfono, le dijo a su pibe que no se moviera y llamó a la policía, pero todo pareció quedar en la nada. La manía final llegó de noche, aquel sábado de primavera, cuando Rosadilla abrió la puerta de calle para que la perra del cantor se escapara. Cuando él bajó a buscarla, ella se le abalanzó y lo apuñaló con una precisión estremecedora. “¡Me la puso, me la puso!”, le gritó Peche a su mujer con horror, mientras subía las escaleras hacia su casa como podía, ya cerca de un final demasiado injusto para sus 48 años.

Ahora, mientras Rosadilla permanece detenida en la Comisaría de la Mujer, de San Martín, los amigos y colegas de Estévez lloran su pérdida. “Era un tipo directo y pasional”, cuenta su bandoneonista, Pablo Yanis. “Ninguna banda me había conmovido tanto desde los Redondos”, agrega Nicolás de Gennaro, el manager. Estévez fue uno de esos tangueros educados con el rock: un poeta pulenta y justicialista (en sus últimos meses trabajó en el Congreso, en el Frente de Artistas Peronistas, para exorcizar su pasado como limpiador de vidrieras de Belgrano) que le cantó a la suciedad de la ciudad y que llegó a tener a diez tipos en su banda. Buenos Aires Negro batalló durante una década el escenario de IMPA y compartió tablas con La Chicana y Palo Pandolfo. Las Pastillas del Abuelo se cuentan entre sus primeros soportes; y la Fernández Fierro, Las del Abasto, Cuarto Elemento y Romina y los Urbanos solían coincidir en ideario y en fechas. Sin embargo, el éxito comercial nunca llegó. Entre otros factores, los músicos recuerdan el día en que Gustavo Santaolalla fue a verlos y, cansado de esperar a que salieran a tocar, se fue. “Aparte, el Peche era difícil de etiquetar: los del tango lo echaban por rockero y los del rock, por tanguero”, aporta el manager.

“Con esta pérdida el lugar de los poetas del tango de mi generación queda un poco vacío”, considera Acho Estol, compositor de La Chicana. “Peche tenía una verosimilitud importante, era uno de esos tipos que no podía dejar de decir la verdad, a tal punto que creo que su poca fama fue una tragedia cultural: Peche era un gran creador”. El Chango Farías Gómez, Miguel Cantilo y Federico Gil Solá también vieron algo en él: el primero produjo su disco “Sol del Once”, de 2009 (el debut de la banda había sido “Turra vida”, en 2000); Cantilo lo acompañó en el track “Me gusta”, de “Sol del Once”; y Gil Solá se sumó a la banda sobre el final. Ahora de Peche sólo queda su leyenda.

Publicada en el número de noviembre de la revista Rolling Stone.