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Una mirada distinta del conurbano bonaerense

Con un trabajo empírico de un año y siete meses, llega Los otros. Una historia del conurbano bonaerense, la última obra de Josefina Licitra, una de las prodigiosas plumas del nuevo periodismo argentino. “Quería usar el crimen de Héctor Daniel Contreras -un cartonero de 16 años- en el mejor sentido, para hablar de un problema de fractura social muy particular que recorre buena parte del primer cordón del conurbano”, dice ella. “El libro trata de contar el problema vecinal de dos barrios: uno de inmigrantes italianos, Villa Giardino, de personas que llegaron a Lanús en la posguerra pensando que se podrían insertan en el proceso productivo de una ciudad grande como Buenos Aires, aunque eso quedó trunco. En los últimos quince años, como emergente de las políticas neoliberales, llegó un grupo social desplazado, de personas que no tenían otro lugar donde vivir y terminaron ocupando un terreno fiscal destinado a realizar un sistema cloacal. Así se llegó al conflicto que terminó con la vida de Héctor Daniel Contreras”.

¿Por qué crees que se dio ese fenómeno?
Este es un tema muy complejo, pero sobre todo se trata de excluidos de un sistema político y económico. Son personas olvidadas por el Estado, pero no como producto coyuntural, sino como arrastre desde hace varias generaciones. Cuando uno culpa al estado, cae en abstracciones que no sirven para nada. Pero cuando le mirás la cara a tu problema, en general ves la cara de la persona que tenés más cerca, la cara de otro grupo. Este es un problema que trasciende a Lanús. Lo del Parque Indoamericano cristalizó este fenómeno, donde el otro era una amenaza para el barrio y hubo muertos y grandes conflictos. Y de ello emergen las abundancias que tiene un sector y el otro no, aparece el fantasma de la inseguridad y también el fantasma del descenso social; es decir, algunos piensan: “Si los tengo cerca, capaz que algún día termino como ellos”. Y en el error me parece que se termina direccionando mal el problema.

¿Cómo se prestaron los protagonistas para contar sus historias?
Dependió de las zonas. En el caso de Acuba, que es el asentamiento, siempre mi forma de acceso fue a través de la figura de Marcelo Rodríguez, que era el puntero del barrio y que hacía todo bastante fácil mientras la relación fuera buena. Marcelo fue una persona que se brindó al diálogo y a mi presencia. En el barrio de los italianos, se trataba de gente más reservada. Según la Justicia, un vecino del barrio, un hombre de sesenta años sin prontuario, “un buen vecino”, como lo describen, se subió a la terraza de su casa con una escopeta y en un momento de tensión social empezó a disparar gritando “¡Negros de mierda, los voy a matar a todos!”, y así mató a Héctor Daniel Contreras. Los italianos tienen mucha vergüenza de tener a un familiar preso y eso los llevó a no querer hablar, porque los vecinos tomaban el tema con mucho pudor. Pero me fui manejando con los límites que ellos ponían.

Algunos personajes se destacan por el temor a la calle y a los espacios públicos. ¿Qué podes decir sobre eso?
Eso me lo hicieron saber algunas personas que leyeron el libro. De los dos lados hay miedo de salir a la calle, y así Amanda, que es una vecina de Villa Giardino, siente miedo porque el espacio público fue tomado por “los otros” y no puede acceder ni a las plazas ni centros de salud, pero también está la hija de Rodríguez, Daiana, que también tiene miedo de salir a la calle ya que tiene que vivir en un territorio visto de los dos lados como hostil. Ella es una jovencita que cuando terminó la escuela primaria no quiso seguir en la escuela porque se usaban ciertos códigos que no tenía. De los dos lados hay personas que tienen miedo a salir a la calle. La hostilidad no es un espacio natural.

¿Cómo fue el trabajo empírico del libro?
Es un tema que atraviesa todo el libro. El tema ambiental es para destacar porque los terrenos están cerca del Riachuelo, que es uno de los ríos más contaminados del mundo, y las tierras también están contaminadas por los residuos que llegan desde el río. Hay que tener en cuenta que cuando la marea sube, el agua podrida se mete en las casas. Era imposible contar la historia del lugar sin contar la del Riachuelo. Para entender eso, fui a dar un paseo con la gente de Greenpeace desde La Boca hasta Puente La Noria. Es una especie de paseo histórico, donde uno ve los restos de algunas industrias que fueron importantes y que cerraron con la dictadura militar, dejando a miles de personas sin trabajo. Y uno sale modificado después de ver décadas de falta de políticas ambientales que se sintetizan en un río que está muy marcado por los desechos que tiraron toda clase de industrias, principalmente las curtiembres como Gaita.

Leé un capítulo de Los otros aquí y mirá a la autora aquí.

Juan Pablo Robledo es egresado del Postítulo en Comunicación y Licenciatura en Periodismo en la Universidad Nacional de Rosario, y cursa la Licenciatura en Historia de la misma casa de estudios. Es columnista de la revista “Rosario, su historia y región”, colabora en el suplemento Señales, del diario La Capital, y es redactor en la sección policiales del diario El Ciudadano.