Cuerpos

La esposa de un jefe policial, partida por un rayo

Policía hijo de puta. Y turra la mujer del hijo de puta. Ergo, que la parta un rayo. Si los insultos tienen una cadena lógica (y si esa cadena repercute sobre la realidad), entonces ésta debió haber sido la que refiere a Adriana Romero, esposa del jefe de la Unidad Regional de Puerto Madryn, Nelson Flores. La mujer cayó fulminada por un rayo cuando tomaba la merienda bajo un árbol en la zona de El Doradillo, en una de las playas cercanas a Puerto Madryn. En realidad, el rayo buscó al vaso de aluminio donde la mujer se había servido un poco de jugo. Eran las cuatro de la tarde del domingo 8 de enero cuando el cielo se cerró y el diluvio comenzó.

La mujer fue trasladada al hospital Andrés Isola, pero los médicos no pudieron evitar que la descarga, que le había comprometido las funciones cardiovasculares y neurológicas, le causara la muerte. Tenía 36 años. Por su parte, Flores sufrió las heridas leves de los varios metros que voló impulsado por el rayo.

El fin de semana pasado en El Doradillo no fue el más feliz: el sábado murió otro hombre, mientras intentaba rescatar a un niño del mar. Y algunos meses atrás, un hombre de 37 años que bajaba de su auto en Playa Unión también fue sacudido hasta la muerte por un rayo. El domingo, en cambio, los guardavidas de las playas céntricas sacaron a toda la gente del mar y pusieron bandera roja cuando vieron las primeras descargas eléctricas. Cuando la tormenta pasó, la gente volvió al mar.

Los rayos son una vieja maldición: Brasil es el país más afectado, con cien muertos por año, lo que equivale al 10 por ciento del total mundial, según investigadores brasileños. Las temperaturas aproximadas con las que baja un rayo son de entre 8000º C y 30.000ºC, y las tensiones originadas pueden ir de 10 a 100 millones de voltios con una intensidad de 25000 amperios.

Aquí hay varios consejos para evitar la descarga. Entre ellos, retirarse de todo lugar alto y refugiarse en zonas bajas; no echar a correr durante una tormenta y menos con la ropa mojada; y deshacerse de todo material metálico; no refugiarse debajo de un árbol o de una roca.