Pesquisas

Un crimen con gato encerrado

En San Fernando hay gato encerrado. Como en las viejas novelas policiales de cincuenta centavos, la historia del matrimonio Sfeir-Prigent podría esconder un infierno doméstico y varios negocios sucios bajo la fachada inofensiva de una familia tipo compuesta al estilo clásico: ella, maestra; él, recolector de residuos al frente de su PYME, Transportes Daniel; el hijo, un niño de 14 años. Sin embargo, toda la sociedad fue testigo a través de los medios de comunicación de una tragedia gradual. El cálido rostro de la maestra coronado por un bonete comenzó a circular apenas desapareció, el 29 de diciembre, e ilustró la peor noticia, la del hallazgo del cadáver con dos balazos escupidos por un .38 largo, el 8 de enero.

El miércoles 11 de enero la pesadilla viró de oscuro a muy oscuro cuando el fiscal de Benavídez Cosme Iribarren pidió la captura del viudo, Daniel Sfeir. “Creo que el tratamiento de este tema debe realizarse con seriedad y prolijidad”, dijo su abogado, Marcelo Adámoli, a poco de enterarse de la orden de detención, “y mi cliente, que siempre se atuvo a derecho, hoy no sabe ni dónde está parado. Estoy preocupado porque veo una necesidad binaria y apresurada de separar buenos y malos, y ni pudimos extraer copias de la causa porque él no ha sido reconocido todavía como particular damnificado”.

Daniel Sfeir deberá enfrentar varios indicios por los que el fiscal lo quiere meter preso: la señal de su teléfono fue captada, contra sus dichos, en sitios por donde pasó su mujer –supuestamente engañada por un tercero que la ejecutó el mismo día 29-; y él mismo fue grabado por diecinueve cámaras de seguridad en Tigre y de San Fernando, aunque dijo que no había estado allí. Además, algunas personas lo señalan en la causa como violento y otras dicen que se quería divorciar; el cuerpo de su mujer apareció en un descampado en el límite entre Tigre y Escobar, donde él solía evacuar los residuos que recolectaba en los countries; y su supuesta amante aparece con él en un video pocas horas antes del crimen.

Sin embargo, el viudo se dice inocente y pide que investiguen a sus competidores desleales, quienes lo habrían amenazado en los últimos tiempos. “A mi cliente le plantaron el cadáver en el ejido de la zona en la que se desempeña”, señaló su abogado. Quizás Juan Carlos González, el único detenido al cierre de esta edición, pueda aportar algo más, o al menos explicar cómo terminó en sus manos el celular de la víctima. Esa parece ser la punta del ovillo, como en las viejas novelas policiales de cincuenta centavos.