Crimen y Castigo

Eduardo Vázquez en el banquillo de los acusados

La sala de audiencias quedó regada por las lágrimas del acusado luego de su estremecedora declaración. ¿Lágrimas de cocodrilo? Para el padre de la víctima, sí. Para los jueces, tal vez. Y es que deberán pasar más de 60 testigos antes de que el Tribunal Oral en lo Criminal número 2 de la Ciudad de Buenos Aires se expida sobre la culpabilidad de Eduardo Vázquez –el baterista de Callejeros que también carga con una condena de cuatro años de prisión por estrago culposo seguido de muerte y por cohecho activo en la tragedia de Cromañón, donde murió su propia madre- en el crimen de su mujer, Wanda Taddei, que ardió envuelta en las llamas desatadas sobre su cuerpo en la madrugada del 10 de febrero de 2010, y que murió después de 11 días de agonía.

Que hubo una discusión no está en duda: ella le reprochó el horario en que volvía del ensayo y la noche de Mataderos se poblaba de gritos y de broncas. Pero si fue un accidente o un crimen aún no está claro. En una declaración en la que lloró y se tapó la cara varias veces –como quien no quiere ver el espanto que danza a su alrededor-, el famoso músico que ahora da clases de percusión en la cárcel habló con vehemencia: “Nunca le pegué a mi mujer, nunca le falté el respeto ni hubo maltrato”, “Para los dos fue un amor sagrado”, “Yo ya estaba muy enojado, pero con Wan nunca tuve ganas de pelear”.

Vázquez sostuvo que luego de discutir forcejearon con una botella de alcohol y que en un momento de calma, cuando se dispuso a prender un cigarrillo, sus manos mojadas en etílico ardieron en llamas. Wanda corrió hacia él para ayudarlo, pero ella, que también estaba empapada en alcohol, se contagió del fuego. La hipótesis del crimen fue aceptada en un principio por la Justicia, pero un reconocido médico forense ya retirado –que supo conducir un programa de televisión sobre crímenes resueltos- se basó en el informe de la autopsia para asegurar que el accidente no había sido tal y que, en cambio, Taddei había sido bañada adrede en alcohol por su esposo. El testimonio del médico del Hospital Santojanni que recibió a la víctima –el doctor residente Marcos Ferrari- también se opone a la versión de Vázquez: malherida, Wanda alcanzó a decirle al médico que había visto a su marido con un encendedor y una botella de alcohol en las manos. La desaparición de la escena del crimen de la botella de alcohol tampoco favorece al acusado: los investigadores siempre sospecharon de una alteración en la casa del 7083 de la calle Pizarro.

Según la asociación civil La Casa del Encuentro, a partir del caso Taddei se han registrado otros 42 homicidios de mujeres incineradas por sus parejas: la notable imitación de crímenes no es una novedad para los criminalistas. “Vázquez inventó una nueva modalidad”, consideró por su parte el padre de Wanda, Jorge. “Ya había amenazado con quemarla: una vez escuché la amenaza, y además un albañil que estaba trabajando en la casa también la escuchó”, aseguró el hombre, al inicio del juicio. Aquel albañil refirió una amenaza concreta: “Dejate de joder o te agarro y te prendo fuego”. Y las palabras no parecen casuales. Queman, duelen en el triste destino de un hombre tatuado con una mujer en fuego y marcado mucho más allá de la piel por el horror de las llamas y la oscuridad.