Pesquisas

Juntas hasta el final

Los cuerpos se mecían como dos marionetas viejas. Y era lo último que los buscadores frenéticos de las dos adolescentes desaparecidas –María Luján Peñalva, de 19 años; y Yanina Nüesch, de 16- habían querido encontrar. Pero ahí estaban, en el pajonal del Río Ancho, que divide a la ciudad de Salta de la de San José de los Cerrillos, a poco del barrio San Carlos. Un árbol, una escalera, una soga larga y una decisión corajuda y terrible habían sido los pocos elementos de los que las dos amigas se valieron para construir el final que acabó con todo.

Lo que inmediatamente pareció un doble homicidio se vio luego como un suicidio pactado: no había en los cuerpos de las muchachas signo alguno de violencia, ni había en la escena del crimen rastros de ningún participante extraño. La aparición de un dramático intercambio de mensajes de texto por celular entre la mayor de las chicas y su novio, Ezequiel Fredes, completó el panorama. Allí, en una conversación que había tenido lugar entre la noche del viernes 13 de julio y la mañana del sábado 14, María Luján Peñalva le contaba a su pareja sobre una pelea que había mantenido con su padre. “Mi papá me dijo que ya no voy a grabar mi disco”, anotó.

Su participación en la emisión del 9 de marzo de “Soñando por cantar” –donde entonó “I will always love you”, el hit de Whitney Houston- ya había dejado en claro que su máxima ilusión era vivir de su música, pero la severidad de su padre –una característica que los investigadores estudian- transformó su sueño en una pesadilla. La conversación continuó en esas horas de modo patético: “Gordo ya no estemos juntos ya no doy mas de esta vida horrible”; “También te amo pero de qué sirve”; “Noooo te voy a dejar pero no nos vamos a ver nunca”; “Estoy con mi familia y me duele muchísimo encima dejar mi carrera”; “Me voy a matar”.

El suicidio adolescente no es un cuento nuevo en Salta, donde en 2010 se conoció la historia de ocho chicos de entre 14 y 18 años que se habían quitado la vida en Rosario de la Frontera –y otros diez lo intentaron sin éxito, casi como si la tremenda película japonesa “Suicide Club” (de Sion Sono) hubiera prefigurado la realidad de una comunidad de teenagers norteños. La muerte de dos mujeres jóvenes y hermosas tampoco suena a novedad cuando se cumple un año del hallazgo de dos turistas francesas –Cassandre Bouvier y Houria Moumni- asesinadas en la quebrada de San Lorenzo.

María Luján Peñalva y Yanina Nüesch fueron vistas por última vez el sábado 14 de julio al mediodía. El lunes siguiente a las siete de la tarde aparecieron sus cuerpos. Al cierre de esta edición, la policía intentaba develar qué pasó en el medio. Posiblemente, las dos muchachas le hayan dado la forma definitiva a su triste pacto y se hicieron de los elementos necesarios. “Murieron exactamente en el mismo momento. Es un caso muy extraño: saltaron juntas y pendieron de una soga que en cada uno de sus extremos iba atada a cada uno de los cuellos”, indica uno de los investigadores, que prefiere permanecer en el anonimato. “La relación de María Luján Peñalva con sus padres se ve deteriorada por la rigidez que le imponían, pero ahora resta por establecer los motivos que tenía Yanina Nüesch para matarse”.

Sin embargo, la policía también está en el ojo de la tormenta, y es que los padres de la joven Peñalva radicaron la denuncia por su desaparición el día sábado, pero sólo el domingo comenzó la búsqueda –quizás ya demasiado tarde.

En un panorama delictual colmado de ambición y de baja pasión –como lo es el argentino-, el pacto suicida emerge casi como un capítulo aparte. Y ciertamente romántico. Pero no siempre se cumple.

Eso, por lo menos, ocurrió en la localidad santafesina de Romang, donde el 20 de julio de 2009 Hugo Orlando Hurt, de 25 años, mató a palazos a su novia y prima María Luisa Sánchez, de 16, pero no atinó a quitarse su propia vida colgándose con una soga. Hurt resultó condenado, en cambio, a 19 años de prisión por homicidio simple. En marzo de ese mismo año, Tamara Brenda Buenaventura, de 15 años, mató con un tiro a su novio, Nicolás Verdes, de 17, y luego se disparó a sí misma. El revólver Colt .357 yacía a su lado en la habitación del hotel de Temperley donde fueron hallados. Y el 2 de julio de 2011, Cristian Gianfrandolfi y Alan Ojeda, ambos de 21 años, se arrojaron desde el piso 22 de las lujosas torres Quartier Demaria, en el barrio de Palermo.