Incorporado por lectura

Extremo Negro: policiales argentinos

El arte de editar novelas policiales está de regreso. En un país como la Argentina, donde el género supo instalarse muy temprano (La huella del crimen, de Raúl Waleis –pseudónimo del jurista Luis V. Varela, hijo de Florencio Varela- fue la primera novela policial publicada en español, en 1877) y donde las grandes colecciones se sucedieron durante varias décadas, Extremo Negro presentó seis nuevos títulos en el último año.

“Esta colección surge con el éxito de las novelas negras de RBA, que llegaban de España y que distribuíamos aquí nosotros”, dice el editor Carlos Santos Sáez, de Del Nuevo Extremo. La serie negra de RBA es un clásico español que reúne a Chandler y a Indridason, a Corben y a Chase. Y que incluso llegó a publicar Todos los casos de Sam Spade (de Dashiell Hammett) y Todo Marlowe (de Raymond Chandler) con cierta influencia argentina, luego de que los editores argentinos vieran cómo una edición completa de las novelas de Sherlock Holmes (escritas por Arthur Conan Doyle) llegaba a tirar tres ediciones.

Extremo Negro –que tuvo como antecedente a Crímenes coloniales, de Diego Grillo Trubba, en 2010- fue presentada el año pasado con un concurso donde resultó premiado Eugenio Zappietro con Mi nombre es Zero Galván, la novela que firma con el pseudónimo Ray Collins. La segunda edición del concurso permanece abierta ahora hasta el 31 de octubre de 2012. “Ray Collins es por ahora el autor que más vende en esta serie”, sigue el editor Sáez. “Con él descubrimos a un autor de culto y a un gran lector que le tiene mucho respeto al género”.

Para fin de año, Extremo Negro prepara la reedición de Restos humanos, la magnífica novela de Álvaro Abós basada en el crimen de Alcira Methyger.

Pero la literatura policial está hecha también por los lectores: