Pesquisas

Las olas y el viento

Las olas y el viento, y el frío de un cadáver. En la mañana del martes 21 de agosto no hubo otra música en la Parada 1 de la Playa Mansa de Punta del Este más que el silencio de la muerte. Eduardo Javier Vélez, mejor conocido como “Lalo”, yacía en la orilla, sin vida, alrededor de las ocho de la mañana; los forenses dijeron después que había muerto alrededor de cuatro horas antes de que un grupo de caminantes matinales descubriera, en su paseo por la rambla Claudio Williman, su cadáver enfundado en una camisa blanca, un jean azul, una campera roja y dos zapatillas nuevas. El resto de las piezas del puzzle se conocieron después: el muerto era un argentino de 46 años, padre de dos mellizos de 8, que vivía en Uruguay desde 1999, en una casa situada a escasos 150 metros del lugar del hallazgo, y que se ganaba la vida como prestamista de jugadores de casinos y representante de grandes jugadores, dos ocupaciones nada sencillas y cerradas a un mundo minúsculo.

Sin embargo, hay una pieza que desconcierta a los investigadores: su viuda dijo que al cadáver de Vélez le faltaba un cheque de 150 mil dólares. En sus bolsillos llevaba un teléfono celular, una billetera y las llaves de su camioneta Mitsubishi, pero ella enfatizó la ausencia de aquel documento que iba a ser depositado en una cuenta propia. Por eso el análisis de la situación financiera es la tarea principal que ahora concentra a los investigadores que buscan cruzar información de la DGI uruguaya, la Unidad de Inteligencia Financiera del Banco Central y la Secretaría Antilavado.

A pesar de que los voceros de la Armada del Uruguay dijeron que el hombre murió ahogado (en un cuadro de asfixia por sumersión) y que no presentaba signos de violencia, al cierre de esta edición todavía no estaba claro si el prestamista argentino se había suicidado, si había fallecido en un accidente o si había sido asesinado por alguno de sus numerosos deudores o quizás por un ladrón.

“En un cuerpo sumergido hay que buscar marcas de estrangulamiento manual, golpes en el cráneo y heridas de bala y punzo-cortantes”, indica el médico y psiquiatra forense Miguel Ángel Maldonado. “En este caso, donde parece no haber tales signos, habrá que pensar también en un fenómeno de hidrocución, que no es tan infrecuente y que se debe a un reflejo cardíaco que detiene a la respiración y al corazón”. Maldonado dice que la maceración de los tejidos dificulta la visualización de lesiones externas, pero con estudios complementados (como la anatomopatología) se pueden descartar las dudas que surgieran. Y aclara que si las aguas son muy frías, la putrefacción se suele retardar.

Vélez operaba en la zona del Resort Mantra, de La Barra, que guarda en su interior un casino estatal. El Mantra compite con el casino del Hotel Conrad y parte de su trabajo era acercar nuevos clientes, jugadores fuertes de Buenos Aires que quisieran apostar en el Mantra para desplazar al Conrad. Ahora, su muerte podría abrir la puerta a una investigación sobre la actividad de los prestamistas, las altas tasas de interés con las que se mueven, la captación ilícita de feligreses para el casino y aún el supuesto lavado de dinero que podría existir. Algunos allegados de Vélez ya han sido citados a declarar: el empresario del juego Néstor Masero, relacionado al casino de Puerto Madryn y a varias agencias hípicas bonaerenses; y el representante de apostadores Juan Carlos Palermo.

“En este mundo, por lo general los prestamistas terminan siendo usureros”, considera Juan José Marc, editor de El Diario del Juego, ex funcionario del Instituto de Loterías y Casinos de la provincia de Buenos Aires. “Son personas que están en los alrededores de las salas de juego, que son conocidas en el mundillo y que cuando alguien pierde en alguna mesa importante y necesita más recursos, aparecen para ofrecer sus servicios”. Marc dice que los prestamistas realizan una transacción muy informal y que el receptor del dinero debe devolverlo al día siguiente o incluso el mismo día, con un interés altísimo. Cada transacción es diferente; lo más común es que sea de palabra.

“Por otro lado están los representantes de apostadores, que trabajan vinculando a grandes jugadores con salas de juego”, sigue el especialista. “Esta actividad se desarrolla con diferentes matices que van del escenario legal al escenario ilícito. En algunas salas de juego hay incluso gerencias para jugadores VIP, que se relacionan con los operadores independientes y firman un acuerdo: el representante le lleva 20 jugadores al casino durante un fin de semana, consigue del casino algún tipo de beneficio -o varios- y participa de las pérdidas de los jugadores”. Es decir, el representante cobra un porcentaje de lo que ellos dejan en el casino. Y si cada uno de ellos puede llegar a jugar, por ejemplo, 100 mil dólares por noche, el movimiento total puede ser de 6 millones de dólares en pocas horas.

La última imagen que se conoce de Vélez es la que registró una de las cámaras de seguridad del Hotel Mantra. Ahí se lo ve retirándose del lugar a las 2:38 de la madrugada, cinco horas antes de que su despojo fuera encontrado. Por otro lado, un testigo refirió que vio su camioneta estacionada en su casa a las cuatro de la madrugada. Aquellas cuatro horas en las que el sol salió sobre las olas y el viento de Punta del Este son las que guardan el último secreto de un hombre siempre misterioso.