Incorporado por lectura

Los archivos perdidos de “Un publicista en apuros”

El sábado pasado, la novela Un publicista en apuros, de Natalia Moret, fue elegida en una encuesta promovida por la revista Ñ entre escritores, críticos y editores jóvenes -en su número especial dedicado a la nueva narrativa argentina- como la mejor entre las publicadas en lo que va del año 2012. “Es una novela de lectura obligatoria”, escribió Luis Chitarroni en el artículo de apertura. Y Mariano Canal, en otra nota, dijo que es “una novela negra sobre la paranoia, la culpa, la lucidez artificial y las geografías hostiles donde los pobres y los ricos compran, venden, matan y mueren”.

Que una novela negra haya sido elegida como la mejor en esta encuesta demuestra -de nuevo- el momento que vive el género policial entre nosotros.

Pero hay algo de Un publicista en apuros que hasta ahora nadie conoce: las líneas que no se publicaron, las out-takes, los archivos perdidos. Y por propia gentileza (y confesión) de Moret, aquí están: estas palabras tuvieron lugar alguna vez, antes del recorte.

La espiral oscura y violenta que guía la novela lleva a los personajes al Malba. Así concluía el capítulo 25:

– ¿Tatiana?
Una voz de mujer. Miramos. Una mujer con el pelo rapado, remera ajustada, jeans flojos y tatuajes en los brazos, le sonreía a Tatiana. Al lado de la primera mujer había otra, muy parecida, que la tomaba de la mano.
– ¡Margarita!
Tatiana saltó en un abrazo efusivo, y besos, más besos, ¿quién carajo era esta gente que Tatiana en la puta vida me había presentado y que ahora saludaba con tanto… amor? Me las presentó. Margarita era del colectivo Hermosamente cruel, el que había armado la muestra, y Tatiana la había conocido a través de Julia. La otra mujer, Franny (¿qué clase de nombre es Franny?), era una amiga de Margarita. Las invitó a sentarse con nosotros. Margarita se sentó al lado de Tatiana, y Franny al lado mío. Miré la hora. Faltaba un rato para mi cita con Amín pero, así y todo, se estaba acercando el momento de escapar. Estaba tranquilo, borracho en la medida justa. Le mandé un mensaje de texto a una de las secretarias de la oficina preguntándole si sabíamos algo del hacker, el amigo del técnico.
– Julia nos invitó la semana que viene al programa, vamos a hablar un poco de la muestra.
El programa cultural de Julia, en el canal cultural de la ciudad…
– Está buenísima, chicas, de verdad, me pareció… súper original.
¡Qué buena mentirosa era mi chica! Y decía todo y sonreía, adelante mío, que la había escuchado un rato antes hablar de lo poco temperamental que le había parecido.
– ¿Cómo se les ocurrió? – preguntó después.
– Un poco fue una idea de mi novio – Margarita le sonrió seductora a Franny.
¿Le decía novio a su novia? No, no podía ser…
– Joaquín laburó un tiempo en…
Ruido de fondo. Las miré. Joaquín, su novio Joaquín… Así que no eran tortilleras. Se daban la mano y se sonreían, un ratito, para jugar… eran floggers.
– … y un día, releyendo a Ashbery, ¿lo conocés? – Tatiana dijo que no con la cabeza – No importa, un poeta, yanqui, me crucé con una frase suya que me terminó de armar la idea…
Margarita dejó los puntos suspensivos picando y mi novia le dio el gusto.
– ¿Qué frase?
– Bueno, es en inglés, viste que las traducciones son una mierda, siempre se pierde… algo… Pero en español sería más o menos así – y cerró los ojos, como recordando lo que sabía de memoria, y los abrió – ¿Acaso has pensado… alguna vez… lo que significa ese… cuerpo…? ¿No es… sorprendente… que la gente piense… que… la carne… está… sobrevalorada?
Tatiana la miraba fascinada, ladina, hermosamente cruel. Franny se dedicaba a mirar las plantas, los bichos que revoloteaban en su interior.
– Y con lo de la carne se me apareció lo de las vacas, el matadero… y los otros animales… animales mujeres… el machismo… la forma, que mata, que moldea…
– Claro…
– …y que al moldear asesina, porque la forma es rígida, no es libre… – pensó, miró el horizonte infinito y libre del mundo libre de las ideas, volvió a nosotros – Viste que en las paredes hay unos grafitis, ¿no?
– LOMJE… – dijo Tatiana, perdida como yo.
– Exacto. Libres O Muertos, Jamás Esclavos…
Maravilloso. LOMJE… ¡en tus paredes, Malba! Miré la hora. Me quedaba tiempo para una preguntita, tal vez dos…
– ¿Y vos qué hacés, Margarita?
Margarita me miró contrariada. ¡Qué fácil era descolocar a un artista de cotillón! ¿Cómo que hago? Tatiana se prendió un cigarrillo y miró para otro lado. Ahí venía el enfermo de su novio a provocar, la estúpida e inconducente manía de provocar.
– Soy poeta – dijo, y agregó, contrariada – Escribo, leo…
Ajá, pensé. Yo también leo y escribo, pero vos… ¿Tenés CUIT o CUIL, Margarita? ¿Sos gestora? ¿Qué hacés? Digo, de acá a la cuenta de la luz, Margarita, ¿qué hacés? Tatiana le hizo una seña al mozo y preguntó a sus amigas qué querían para tomar.
– ¿Y escribís con rima?
Pregunté, completamente aburrido de toda la sociedad. ¡Qué ganas de que termine todo esto, mi amor, y nos vayamos… a algún lugar bien lejos de acá! Algún lugar con playa, y con mar, o con sierras, y verde, mucho verde, y pósnets para las tarjetas de crédito, y buen vino… Margarita se rió.
– ¿Con rima? – otra risa – No, bueno, depende… Más que rima, hay un ritmo, y la métrica…
¡Por Dios! ¿No había sido evidente que mi pregunta era una ironía, un chiste, una forma sutil y cínica que esperaba una respuesta similar? Pero ahí seguía, Margarita, hablando, llenando vasos vacíos con botellas vacías, charlando, y tomando, y revolviendo el oro en la pelusa de su ombligo especial… tan especial…
– Chicas, me voy.
Margarita cortó en seco lo que sea que me estaba diciendo y Tatiana se paró para saludarme. Franny seguía buscando la vida oculta entre las plantas. Busqué mi billetera en el bolsillo, pero Tatiana me interrumpió.
– Dejá, me quedo un rato más, yo pago… – eso sí que era extraño. Respiró profundo – ¿Te vas a cuidar de estos tipos, Javier?
– Sí, mi amor.
Y ese “mi amor” sonó… como el silencio después de la bomba. Un hombre que busca el cuerpo de su mujer entre los escombros de una ciudad en ruinas. Una mujer que espera, aunque sepa que no va a volver, que su esposo vuelva de las trincheras. Eso éramos. Pero una pareja es trabajo, es ceder, es aprender a negociar, es saber pedir perdón…