Pesquisas

Otra pesadilla en mandarín

En las calles chinas de Buenos Aires se habla de Hēi Shè Huì y de Shè Huì De Rén. El primer término significa “sociedad negra” y refiere a la mafia; el segundo, “miembro de la sociedad negra” y señala al mafioso. Del mismo modo, en estas calles pobladas por inmigrantes de la provincia de Fujian y de la isla de Taiwán, y acechadas por los crímenes y los delitos de una trama densa y opaca para la Justicia local, bien podría escucharse la siguiente máxima: el fiambrero nunca es el asesino. Sólo es cuestión de adaptar cierta verdad de las novelas inglesas de enigma (aquella de que el mayordomo nunca era el asesino) a los tiempos que hoy vive la comunidad china local.

El fiambrero nunca es el asesino, pero tampoco es un santo: en el marco de un nuevo homicidio en el que se derrama sangre china sobre suelo argentino (el del bebé de 17 meses Sebastián Benjamín Ke, ocurrido hace un mes), un fiambrero llamado Cristian del Negro permanece detenido, señalado como encubridor. Sin embargo, el episodio todavía está envuelto en contradicciones, y es síntoma de las transformaciones que experimenta la violencia dentro de la colectividad china –como si el incidente se leyera en un capítulo del célebre Libro de las Mutaciones.

“¿Venganza mafiosa o drama familiar?”, se pregunta en su última edición el diario Horizonte Chino (el más leído entre los orientales de la Argentina), con una nota sobre el caso, que en un principio fue denunciado como un secuestro por la madre del bebé, Yanhong Wang, una mujer de 26 años nacida en Fujian y ahora detenida y acusada de ser la responsable directa de la muerte del niño.

Según Yanhong Wang, cuatro o cinco hombres se presentaron a las dos de la madrugada del 25 de julio y golpearon la reja en el supermercado Marianita, de Juan B. Justo 8923, en el barrio de Liniers. Ella, que vivía en el primer piso, bajó a responder y fue encañonada y raptada junto a su bebé. A ella la devolvieron seis horas después; al bebé no. Cuando llegó la policía, contó que le pedían un rescate de 20 mil dólares y mencionó a su ex esposo, Gou Cheng Ke (un oriental de 25 años), sobre quien pesaba una orden de captura firmada por un juez federal: se lo acusaba de haber protagonizado el supuesto secuestro anterior, llevándose al mismo bebé –que era su propio hijo- y recibiendo seis mil pesos de rescate.

Pero tres días después, el 28 de julio, algo que de lejos parecía un muñeco azul fue hallado por tres personas que jugaban en un baldío del barrio de Rafael Castillo, detrás de otro supermercado chino. No era un muñeco, como creyeron cuando lo tanteaban con una rama: era el bebé desaparecido. Estaba muerto. La autopsia reveló que había sido asfixiado.

Yanhong Wang ajustó su relato: dijo que su ex esposo, Gou Cheng Ke, había sido quien entró aquella noche junto al fiambrero Cristian del Negro, que trabajaba y dormía ahí mismo. Y que Ke había asesinado al niño para decirle después a la madre que si se animaba a hacer la denuncia la mataría a ella y a su familia, aunque todos los parientes vivieran en la provincia de Fujian.

La mujer también contó que su ex esposo amenazó en ese mismo momento a otro hombre, un chino llamado Hsien Neng Liang que  es oriundo de Taiwán. La mujer dijo que aquel hombre era su primo, pero los investigadores descartaron un lazo de parentesco cercano y sospechan, en cambio, que la relación es de amor. Por su lado, los dos hombres chinos guardaban un largo y complicado trato, iniciado algún tiempo atrás cuando el ex marido le compró al falso primo una parte del supermercado Marianita, de Liniers, aunque la escritura nunca se realizó.

Sin embargo, Yanhong Wang, la madre del bebé, no pudo convencer a los investigadores: las pruebas recolectadas en registros de video, seguimientos policiales y escuchas telefónicas objetaron sus dos relatos. Pero por ahora no alcanzan para comprender cabalmente qué fue lo que ocurrió de verdad en la noche del 25 de julio adentro del supermercado Marianita. “Está registrado en algunas cámaras de seguridad que la mujer y el falso primo salieron juntos a la madrugada con el cuerpo del bebé y se subieron a un auto Mazda, que figura a nombre de Liang y de la hermana del fiambrero, que también trabajaba en el supermercado y que habría sido su novia varios años atrás”, dice uno de los sabuesos que participa de la pesquisa.

En su fallo el juez federal Sergio Torres entendió que el bebé era sometido al maltrato periódico.  Y que su muerte se habría debido a un cruel descuido: la colocación de una media en su boca para evitar el escándalo del llanto.

El teatro montado después con el secuestro extorsivo llevaría el objetivo de ensuciar e inculpar al padre del bebé, Gou Cheng Ke, para quitarlo del medio y dejar el supermercado en manos del falso primo. Ke terminó siendo el único exculpado por el juez. Por eso, después de charlar un rato, el sabueso investigador se ofusca: “¡Acá mienten todos! Todos dicen ‘yo no fui’ y se echan la culpa o se hacen los que no entienden el idioma, pero tarde o temprano la verdad va a aparecer”.

“¿Venganza mafiosa o drama familiar?”, se pregunta el diario chino. La respuesta parece estar más cerca de la segunda opción, pero este caso podría ser un síntoma de un momento en el que los ecos de la Hēi Shè Huì comienzan a adoptar otras formas. “Se empiezan a ver nuevas combinaciones”, dice el abogado Kuo Pao Hsing, un referente dentro de la comunidad. “Un capo narco de una villa denunció a un comerciante chino por extorsión para tomarse revancha de un lío de amor. Un deudor chino denunció como mafioso a su acreedor y cuando fue a llevarle la plata logró que se lo llevaran preso. Un amigo traicionó a otro y lo denunció como mafioso… Ahora están ocurriendo ese tipo de cosas”. Mientras tanto, las páginas del Libro de las Mutaciones siguen corriendo.