Crimen y Castigo

Amanda Knox, a un año de su liberación

Amanda Knox vive en una zona humilde de Seattle conocida como International District, un barrio cuyas fachadas son en su mayoría restaurantes asiáticos y mercados, a la sombra de los rascacielos relucientes del centro de la ciudad y a pocas cuadras de un parque invadido por drogadictos. Vive en un edificio atendido por un encargado que lleva una cola de caballo y un suéter sin camiseta, incluso en un sábado cálido, y que guarda la privacidad de sus inquilinos con tanto celo como la suya misma.

“Sé por qué están aquí”, dice, fumando un cigarrillo, mirando a su alrededor con nerviosismo. Entonces, después de asegurar que toda la información que cualquiera busque sobre la vida de Amanda Knox hoy en día se puede encontrar en un sitio web británico, desapareció dentro del edificio, arrojando el cigarrillo a la vereda. Se negó a identificarse. “Esta conversación”, dijo, como entregara una línea del guión de Mission: Impossible, “nunca sucedió”.

A Knox le gusta así, dicen los miembros de su familia y sus vecinos. Le gusta que su encargado evada las persecuciones de los periodistas molestos. Le gusta que la dejen sola. Y después de lo que ha ocurrido es difícil echarle la culpa. Knox ha pasado la mayor parte de los últimos cinco años como una de las favoritas de los medios de comunicación, padeciendo un juicio por un asesinato sensacional en Perugia, Italia. Ella y su antiguo novio Raffaele Sollecito fueron condenados y luego absuelto por el asesinato de su compañera de cuarto, la  británica Meredith Kercher, muerta en 2007 en un caso que todavía no está completamente cerrado y que pasará a un tribunal superior italiano en marzo de 2013, que tomará una decisión final para decidir si se hizo justicia de verdad.

Hoy se cumple un año desde que Knox fue liberada de la prisión. Y de algún modo, su vida desde que regresó a Seattle ha vuelto lentamente a una especie de normalidad.

Knox está saliendo con un viejo novio y guitarrista clásico, llamado James Terrano. Y el edificio del encargado antipático el sitio de James, según dicen. Knox sólo pararía allí.

Su abuela, Elisabeth Huff, la vio la semana pasada en su fiesta de cumpleaños. Knox está feliz, dice Huff, “es parte de la familia”. Y su familia finalmente ha tenido algo de tiempo para volver a eso: a ser una familia. “Tenemos actividades juntos, nos vemos, comemos, acariciamos a nuestros perros”, dice Huff. “Es la vida diaria normal”.

Bueno, casi. Knox todavía suele encontrarse emboscada por algún paparazzo ocasional, y su casilla de mensajes zumba con los periodistas. Pero ella no quiere saber nada de eso, explica su abuela Huff. “Somos muy recelosos de los medios”, dice. “Por desgracia, ninguno de nosotros estaba preparado para el comportamiento detestable de los medios de comunicación mientras era perseguido, y eso no se ha acabado. Somos muy cuidadosos con respecto a la gente a la que le hablamos. De esa manera vivimos”.

Durante el juicio, la familia Knox recurrió a la experiencia de David Marriott, uno de las principales gurúes de las relaciones públicas de Seattle, que los guió para hablarle sólo a los medios de comunicación amigos de su causa. La primera entrevista formal de Knox es uno de los objetivos más codiciados por las cadenas estadounidenses, y ella, hasta ahora, no ha dicho a quién le hablará primero.

Pero todo eso puede cambiar cuando el libro de Knox esté terminado. Amanda está trabajando en él con un editor, según reconoce el agente literario Robert Barnett en un correo electrónico, y no va a dar ninguna entrevista hasta que el proyecto se presente. El ex novio de Knox, por su parte, ha completado sus memorias y está hablando con la prensa. Raffaele Sollecito regresó a Italia la semana pasada, después de una gira de promoción de su libro en Seattle. Su obra, Honor Bound, entró en la lista de best Sellers de The New York Times la semana pasada. Sollecito habló con The Daily Beast el lunes por la mañana, a través de Skype.

La vida después de la cárcel es surrealista, dice Sollecito. “Después de salir, el mundo a mi alrededor era de luces brillantes y coloridas. Casi me sentía como un niño en mi interior, descubriendo todo. Todo era nuevo para mí. Cuando abrí la heladera, me quedé mirando todo lo que había. No había visto una por cuatro años”, dice. “Todo era nuevo. Incluso un vaso de agua fresca. En la cárcel, el agua sabía a agua de colonia”.

Sollecito todavía se siente de esa manera, dice, con esa sensación de euforia y felicidad todos los días. Pero también lucha contra los recuerdos de la vida dentro de una celda de aislamiento en la prisión italiana; o de los guardias que lo presionaban todos los días para traer a su novia, para “tirar a Amanda debajo de un camión”, esa “pesadilla”.

Durante esos cuatro años, Sollecito se dio cuenta de que la imagen de Knox se había partido en su mente: una era la chica con la que había salido durante apenas una semana antes de que fueran acusados de asesinato, y la otra, esta persona que era su supuesta cómplice, de la que tantas personas estaban convencidas que era un monstruo. No fue sino hasta la primera vez que la vio de nuevo, después de su liberación de la prisión, que “me di cuenta de que en verdad era la Amanda que amé por una semana”.

Sollecito vio a Knox en Seattle, en marzo, en una fiesta en su honor, a la que asistieron muchos miembros de su familia. La vio de nuevo en el cumpleaños de la abuela Huff, donde Amanda estaba con su novio y con algunos “amigos de Amanda que eran muy lindos”. Amanda parece más madura, dice Sollecito, más “con los pies en el suelo”. Pero también puede ver que en ella perdura el trauma asociado a la escritura de su propia historia. “Yo lo rompí con eso”, dice luego de acabar con su propio libro. “Pero sé lo doloroso que es. Ella todavía está trabajando con ese tipo de sentimientos, ese tipo de dolor. No es un período feliz”.

El veloz éxito del libro de Sollecito es un buen augurio para la propia historia de Knox, por la que se dice que ganará $ 4 millones de dólares. Sus considerables gastos legales han puesto a sus padres en deuda, también se dijo. Sus padres y sus padrastros hipotecaron sus casas para ayudar a cubrir los gastos de viaje durante sus cuatro años de prisión.

Pero las batallas legales de Knox no han terminado. Todavía enfrenta cargos de calumnias contra la policía de Perugia por decir que fue golpeada. Sus padres también están en juicio por calumnias, por repetir sus afirmaciones a un periódico británico. Y a pesar de que su acusación fue anulada, Amanda condenada por acusar del asesinato falsamente, durante los primeros días de la investigación, a su ex jefe, Patrick Lumumba. Si esa calumnia se mantiene durante el proceso de apelación ante la Corte Suprema, Amanda va a tener que pagarle una indemnización.

La versión completa de esta nota, por Winston Ross y Barbie Latza Nadeau, en The Dialy Beast