Cuerpos

Notas al pie de un cuerpo no identificado

Por Gastón Intelisano

En los países anglosajones, cuando aparece un cuerpo no identificado de una mujer los investigadores le ponen un nombre: “Jane Doe”. En estas latitudes somos menos poéticos: lo denominamos “NN femenino” hasta que con la aparición de algún documento o el reconocimiento de un familiar se logra su identificación.

El caso del cuerpo hallado en las proximidades de un corredor costero del barrio de Vicente López requiere del trabajo conjunto de policías, fiscales y forenses para lograr una identificación rápida, inapelable y respetuosa de todos los protocolos necesarios.

Pero ¿cómo se investiga la identidad de un cadáver que, como este, no tiene nombre?

Luego de la denuncia policial del hallazgo del cuerpo, se da intervención a la fiscalía de turno, que lleva adelante las primeras tareas en el lugar, y se solicita la presencia de la Policía Científica, cuyo personal realiza el relevamiento de la escena del crimen: el médico de policía examina el cadáver y su ropa, y hace una rápida evaluación de sus hallazgos para calcular la hora de la muerte. Entonces se remitie el cuerpo a la morgue para la realización de la operación de autopsia.

En la morgue, los médicos y su equipo de técnicos forenses realizan un examen externo con el que buscan heridas o rastros del agresor, y tatuajes, cicatrices o cualquier otra seña particular que permita darle una identidad al cadáver. Todo es fotografiado y adjuntado al informe de autopsia.

En el caso de Vicente López, una madre reconoció por fotos al cuerpo hallado y aseguró que era su hija, pero el padrastro la contradijo. Esto suele ser común. Reconocer a un cadáver por fotos no es lo mismo que hacerlo teniendo el cuerpo frente a uno y el estado de shock de la madre pudo haber llevado a una identificación errónea. Además, identificar a un cadáver que ha empezado a descomponerse no es nada fácil: las facciones comienzan a deformarse y a tomar colores que pueden confundir.

Según el informe preliminar de la autopsia, el cuerpo de la joven no presentaba tatuajes ni piercings, lo que seguramente ha llevado a los forenses a buscar cicatrices de operaciones y malformaciones, y a observar el trabajo odontológico realizado en sus dientes. También se anotan ciertos datos para comparar, en caso de que en el futuro cercano aparezca algún familiar o conocido que reclame por ella.

Por último, ya han comenzado los análisis de ADN, la frontera final y definitiva para la identificación de esta joven.

Resta entonces esperar la presencia de algún familiar cercano para realizar la extracción de sangre y la comparación de sus células, y que finalmente, el ADN le devuelva la identidad a ese cuerpo hallado adentro de una bolsa de nylon, flotando a la deriva en las aguas turbias del Río de la Plata.

Gastón Intelisano nació en San Martín, Provincia de Buenos Aires, el 16 de Mayo de 1978. Durante cuatro años acompañó como pasante universitario a la U.M.F.I.C. (Unidad Médico Forense de Investigación Criminalística), donde pudo observar de cerca el trabajo tanto de médicos forenses como de peritos y asistir a numerosas escenas de crímenes y autopsias. Es Licenciado en Criminalística y Radiólogo. Modus operandi es su primera novela.

Leé una entrevista con Gastón Intelisano