Cuerpos

Las aguas turbias de Elisa Lam

Se llamaba Elisa Lam. Era canadiense, de origen chino. Y tenía 21 años cuando desapareció en Los Ángeles. Su último registro es un video del ascensor del Cecil Hotel, donde se alojaba. Un tape desconcertante, una pieza maestra de la videoparanoia:

¿A qué le temía Elisa Lam? ¿De quién escapaba?

El último 19 de febrero, tres semanas después de su desaparición y del registro del video, el cadáver de Elisa Lam fue hallado en uno de los cuatro tanques de agua del Cecil Hotel, ubicados en la terraza. Un plomero que buscaba las causas de la presión baja de las cañerías y de la inundación de uno de los cuartos fue el que encontró los restos de la turista, que nunca había hecho su check out.

La  muerte de esta turista oriunda de Vancouver desató una ola de miedo en un hotel que de apacible no tiene nada: el Cecil alojó en su historia a dos asesinos en serie y fue escenario de una decena de suicidios. Inaugurado en 1927 y ubicado en Skid Row -una de las zonas más densamente pobladas por indigentes en los Estados Unidos-, el Cecil  tiene 600 habitaciones y buenos comentarios en TripAdvisor (“No es el Hilton, pero por lo que cuesta es genial”, comenta online un turista canadiense). Entre sus pasajeros estuvieron Richard Ramírez, que en la década de 1980 violó y mató a trece mujeres; y el austríaco Jack Unterwegen, que asesinó a nueve prostitutas -a tres de ellas, mientras pagaba un cuarto en el hotel.

Ahora, mientras los forenses esperan los resultados toxicológicos del cadáver y los detectives intentan plantear una hipótesis digna (la última: que fue asesinada por un rapero que vivía en uno de los cuartos contiguos, alias “Morbid”), los demás pasajeros se quejan por el agua podrida. Sabina y Michael, por ejemplo, dos británicos de 27 años que pararon allí, cuentan con disgusto que se ducharon, se lavaron los dientes y bebieron del agua contaminada por el cuerpo muerto. “Tenía un sabor desagradable”, contó ella. “Cuando nos enteramos del asunto, sentimos náuseas. No quedamos bien de la cabeza; es un tema psicológico fuerte. Y si pensás en eso no te hace bien”, agregó él.

El hotel tiene categoría de dos estrellas.