Crimen y Castigo

El viaje de Dulce

Uno había nacido hace 38 años bajo el nombre de José Antonio Centeno Taipe, pero adoptó el de Dulce cuando decidió que quería ser mujer. El otro se llama Jesús Sebastián Walter, y tiene 25 años. Se conocieron en un viaje largo, en un micro que cruzó toda la Argentina y toda Bolivia para llegar, por fin, a Lima, en Perú.

Dulce había emigrado desde Perú hacia Buenos Aires tres años atrás y allí había juntado algunos ahorros. Ahora volvía para visitar a su madre. El plan de ir en octubre –en el Día de la Madre- se había adelantado cuando se enteró de que la vieja estaba enferma. Y llevaba una billetera gorda: iba a operarse la nariz y a cambiar de sexo en Lima.

Él, en cambio, se subió a ese micro para escapar: veinte días antes había matado a su ex mujer en la ciudad bonaerense de San Nicolás. Al menos de eso lo acusaban. Aquella se llamaba Jorgelina Fernández; tenía 26 años, dos hijos y una adicción enterrada en el pasado. Vendía estampitas cerca del santuario de la Virgen de San Nicolás y ganaba poco. Las relaciones humanas son difíciles: en febrero de 2013, Jorgelina le hizo una denuncia por abuso.

Después los días pasaron sin sentido: él la amenazaba para que la retirara. Le decía que la iba a matar.

El cuerpo de Jorgelina Fernández apareció el 3 de abril, desparramado y semidesnudo en la plazoleta Perón, detrás del santuario de la Virgen. “Traumatismo de cráneo”, anotó el médico forense como causal de muerte. El fiscal Jorge Pablo Leveratto -de la Unidad Funcional de Instrucción Número 4 de San Nicolás- todavía investiga el caso.

El argentino no se guardó nada en el micro: son cuatro días de viaje para atravesar 5.400 kilómetros entre Buenos Aires y Lima. Y Dulce –que creía conocer el lado oscuro de la vida- no temió. Ella le contó que planeaba viajar a su Huancavelica natal para visitar a la viejita y que luego se iba a Francia a trabajar y a ganar en euros. Que era la novena de diez hermanos, que en Buenos Aires un cliente había intentado matarla y que quería ser como J-Lo. Que buscaba un amor.

Cuando bajaron del micro ya eran como viejos amigos.

Y decidieron continuar juntos hacia el hostal Salma, del 244 de la Avenida Los Chancas de Andahuaylas, donde rentaron la habitación 309. Pasaron la noche del sábado adentro y la del domingo en una discoteca. ¿Se besaron? Volvieron ebrios, riéndose a los gritos, tambaleándose. Un rato después el argentino dejó el hostal. Llevaba prisa; la curda parecía haber desaparecido.

En la noche del lunes 22 de abril el olor a podrido se expandió a las demás habitaciones. Dulce yacía sobre la cama –desnuda, magullada y estrangulada.

“Me agredió, me hizo una escena de celos en la discoteca y me quiso golpear en el hostal. Yo me tuve que defender”, declaró el argentino cuando fue detenido en otro hotel, no muy lejos. Los investigadores peruanos de la DirInCri (Dirección de Investigación Criminal) no le creyeron: la hipótesis de que la hubiera matado para robarle los ahorros era mucho más coherente.