Crimen y Castigo

Las cinco perpetuas del caso Píparo

Pasaron más de tres años desde el día en que Carolina Roxana Piparo cayó herida de bala sobre la vereda de la calle ubicada en la intersección de 21 y 39, en la ciudad de La Plata. Ese 29 de julio del año 2010, esta mujer embarazada de nueve meses que había vuelto de realizar una extracción bancaria de 10 mil dólares y 30 mil pesos en la sucursal 19 del Banco Santander Río fue víctima de una salidera bancaria.

Dos personas de sexo masculino la siguieron desde la intersección de las calles 7 y 42 hasta su domicilio para robarle el dinero que ella y su esposo, Juan Buzali, habían ahorrado durante años para comprar una casa nueva, ante el nacimiento de un hijo que llevaría el nombre de Isidro.

– ¡Dame la guita, hija de puta! -gritó uno de los asaltantes cuando la interceptó, mientras el conductor de la moto aguardaba por su compañero para fugarse.

– ¡No! -gritó ella. Aunque no fue una negativa al pedido del ladrón, sino un grito hacia el destino, maldiciendo el momento. El otro la volvió a insultar, ya le apuntaba con un arma.

– ¡¿No qué?! ¡Dame todo, hija de puta! -insistió el delincuente, que golpeó a Carolina con la culata de su arma de fuego en la cabeza.

– No me hagas nada estoy embarazada, llevate todo -alcanzó a decir, de rodillas en el piso, mientras se tomaba la cabeza con  una mano y con la otra protegía su panza.

El atacante tomó los dos sobres rojos de la cartera de su víctima y antes de escapar, una bala de punta hueca, de esas que se utilizan para cazar animales, hirió a Carolina. El proyectil le entró por el mentón, salió e impactó en el esternón, dejándola herida sobre la vereda, a metros de su casa.

“Perdí el conocimiento, no sabía en donde estaba”, recuerda en el juicio, con su salud física repuesta y con la ingrata sorpresa de que detrás de ese robo había una banda que se dedicaba a realizar robos y que operaba en distintas zonas, del conurbano bonaerense a la ciudad de La Plata.

Fueron siete los acusados y los roles estaban bien distribuidos.

El fiscal Marcelo Romero tomó las riendas de la investigación y a poco días de ocurridos los hechos le solicitó al titular del Juzgado de Garantías número II, César Melazo, un requerimiento para allanar la sucursal del banco en el cual Carolina había efectuado la extracción. Ambos funcionarios fueron a la diligencia y secuestraron las cámaras de seguridad ante el fastidio de los encargados del Banco.

Las imágenes resultaron útiles como material de prueba en el juicio: Carolina se reconocería y también se podría ver como operó el personal del banco. Las ¿negligencias? de los guardias de seguridad aún se discuten: algunos creen que hubo intención directa de colaborar con el robo y otros aseguran que fue torpeza.

Pero lo que ya no tiene discusión es el señalamiento que uno de los miembros de la banda le hizo a Carolina. La mujer fue marcada.

Miguel Ángel “Pimienta” Silva fue el encargado de señalar a Carolina, Juan Manuel Calvimonte fue quien reclutó a los participantes activos, Carlos Moreno finalmente fue el autor material del disparo, Luciano López condujo la moto y Carlos Jordán Juárez era el líder de la banda.

Todos ellos cargan con la pena de prisión perpetua dictada por los jueces del Tribunal Oral y Criminal II de La Plata a cargo de Silvia Hoerr, al que adhirieron Liliana Torrisi y Claudio Bernard, quienes consideraron que hubo un homicidio contra Isidro Buzali, una valoración que no presenta precedentes en la historia judicial Argentina.

Luego de la resolución, Carolina se fue conforme con la sentencia y acompañada por su marido opinó que “en el país no se garantiza la seguridad ciudadana”. Fernando Burlando, su abogado, manifestó un rechazo absoluto contra los integrantes de la banda, de quienes dijo: “Alguna vez fueron seres humanos. Ahora son matabebés, la peor escoria de la cárcel”.

De los siete imputados, cinco fueron condenados a prisión perpetua, mientras que dos fueron absueltos. Se trata de Augusto Claramonte y de Carlos Burgos. Para el Ministerio Público no existen elementos suficientes como para acreditar que ambos estuvieran involucrados en el hecho, ni siquiera en otras dos salideras.

Para Burgos la absolución era esperada. Ayudó a Carolina yendo al lugar de los hechos para la reconstrucción: “Le agradezco a Carolina porque ella dijo la verdad en todo momento, yo no estuve ese día en esa esquina”, señaló luego de ser liberado. Fue una buena estrategia la que utilizó su abogado Rubén Carrazone: llevar a su cliente a la reconstrucción del hecho terminó por jugarle a favor.

“Voy a estar con mi familia, es lo único que quiero”, dice Burgos, que cargó con tres años de prisión preventiva, señalado como el autor material. Pero durante el juicio las pruebas no alcanzaban para incriminarlo. El parecido físico con Carlos Moreno era notable a grandes rasgos. Y el cruce de llamados y el señalamiento de Carolina hacia Moreno inclinaron para Burgos la balanza judicial hacia la libertad.