Cuerpos, Incorporado por lectura

María Inés Krimer, con el dulce trazo del bisturí

“Katz sonríe con la mitad de la boca.

– Disculpame –dice-. Llegué tarde. Vos sos Ruth Epelbaum.

– Sí.

– La detective idishe.

– Sí.

– Encantado.

Katz me da un beso húmedo en la mejilla. El comentario no me sigue haciendo gracia. Acá los detectives tienen mala prensa. O son servicios o son canas. Para nosotros son tan raros Marlowe como Hércules Poirot y Miss Marple”.

En Siliconas express María Inés Krimer vuelve a traer a su investigadora judía de Villa Crespo para moverla entre misterios y asesinatos, pero también entre peluquerías, postizos, tinturas, cortes y extensiones, quirófanos, clínicas, lipos, liftings, flotadores, operaciones estéticas y residuos patógenos. Algo así como Nip/Tuck, pero en criollo y con malas intenciones. Krimer, una abogada nacida en la ciudad entrerriana de Paraná y radicada luego en Buenos Aires, se formó en los talleres literarios de Guillermo Saccomanno. Escribe con la única compañía de un mate que se va enfriando de a poco y con la interrupción frecuente para calentar el agua o cambiar la yerba, y prefiere tener siempre una fecha de entrega. Como sus asesinos, ella se mueve de modo sistemático: piensa la historia, configura al personaje, acumula información. Después empieza y ya no para. Así, y con una prosa seca y acelerada, ganó los premios Emecé (con Lo que nosotras sabíamos) y Letra Sur (con La inauguración), y se convirtió en un nombre original entre los autores mid-age. La segunda entrega de su saga en Negro Absoluto, la serie dirigida por Juan Sasturain y Ricardo Romero, continúa aquello que comenzó en 2010 con la primera aventura de Ruth Epelbaum, Sangre kosher.

“Desde El cuerpo de las chicas, un libro que publiqué en 2004, me interesó el pathos que comprimen las dietas, los atracones, los vómitos, los gimnasios y los cuerpos que remiten a las víctimas del hambre”, cuenta Krimer. “En última instancia, a revisar los modelos de belleza que nos propone nuestra sociedad. Me parece que en Siliconas express vuelvo  a retomar el hilo del viaje de las mujeres hacia el cuerpo perfecto, hacia ser lo que quieren ser, pero esta vez por el lado del policial”.

¿En qué sentidos le interesó desarrollar al personaje de Ruth Epelbaum en esta segunda entrega?
Ahora Ruth Epelbaum investiga el mundo de la cirugía plástica. Durante los últimos años se incrementaron las operaciones de mamas, las liposucciones, los liftings para no hablar del famoso botox: esos datos y el cruce inesperado con el doctor Vidal, un cirujano sospechoso, fueron suficientemente seductores para despertar la curiosidad de Ruth. Este afán por investigar ya estaba planteado en la primera entrega de la saga, Sangre kosher. Y en la historia personal de Ruth: cuando la despiden de su trabajo del archivo en la Sociedad Israelita de Paraná, se viene a Buenos Aires y trae consigo sus papeles y anotaciones sobre la Zwi Migdal, una organización vinculada a la trata de personas.  El  primer caso que le cae es la búsqueda de la hija de un joyero de la calle Libertad.

¿Cuánto tiene de usted Ruth Epelbaum?
Construí ese personaje pensando en una cuestión de género. Uno de los cambios que definen el paso del policial deductivo a la novela negra es el lugar de las mujeres. En el primero todas son víctimas: la madre y la hija en la calle Morgue, Marie Roget y la dama de la carta robada. En la novela negra, por el contrario, son la condición del crimen cuando no las criminales propiamente dichas: en todas las historias de Chandler las mujeres son las asesinas. Un podio no muy deseable, por cierto, que intenté revertir. Ruth tiene los componentes que exige Chandler en El simple arte de matar: una mujer de clase media que vive sola en la calle Gurruchaga, con la compañía de Gladys, su empleada y es, al mismo tiempo, especial. Habla ídish. Lee a Bashevis Singer. Tiene un amante. Y tal vez por su nombre, que le viene de la bíblica moabita, Ruth no puede evitar meterse en cuanto problema se le cruza en el camino.

¿Qué prepara para la tercera entrega de la saga?
Va por el mundo de la moda y los circuitos de comercialización. Me impresionó mucho el reciente derrumbe de un edificio en Bangladesh donde cientos de operarios cosían para las grandes marcas con sueldos de 32 euros al mes. Seiscientos muertos y más de dos mil heridos. La ropa que compramos en los grandes shoppings está manchada con sangre. Supongo que también Ruth, en esta tercera entrega, además de investigar a las grandes marcas también  se dará una vuelta por La Salada.

¿Cómo fue que se convirtió en una escritora de novelas policiales?
Mi vinculación con el género tiene que ver con las lecturas infantiles de historietas, desde El Pato Donald hasta El Tony o Misterix. De ahí, en la adolescencia, pasé al policial norteamericano, que papá traía de una biblioteca. Cuando Juan Sasturain me convocó para escribir en la colección de Negro Absoluto empecé a reflexionar sobre el género y volví a leer a los maestros. Mi entusiasmo por Chandler o Hammett se mantuvo intacto. Redescubrí a Ross Mac Donald, el tercer hombre. El género se fue dando, junto con mi entusiasmo. Mi canon va por el lado de Goodis, Mc Coy, Thompson. Insisto con la idea de autor. Cuando mejor escriba más lejos irá y envolverá lo que no puede decirse con mayor sutileza.

Siliconas Express – Capitulo 1 — Maria Ines Krimer by Javier Sinay