Crimen y Castigo

Orgullo y prejuicio

“Un pueblo casi de western en la pampa seca. Era la vigencia total del machismo. Estaba aceptado que debía haber fuertes y débiles, y la escuela de esa explotación estaba en la pareja”. Así describió el escritor Manuel Puig a su ciudad natal, General Villegas. Las cosas no parecieron cambiar mucho con los años: en mayo de 2010 comenzó a circular un video en el que una chica de 14 años mantenía relaciones sexuales con dos hombres. Un tercero filmaba la escena, registrada algunos meses antes, en septiembre de 2009. Parte de la filmación incluso fue mostrada en un canal local. Después Mario Magallanes (de 24 años), José María Narpe (de 29) y Mariano Piñero (de 30) fueron imputados por el abuso.

Hasta aquí los hechos parecieron transcurrir con cierta normalidad. Pero algo cambió y mostró la cara más triste de una sociedad marcada por el machismo y el rumor.  Poco después de que el fiscal pidiera la detención de los autores, una manifestación de entre doscientas y trescientas personas pidió su liberación. Decían que la chica los había incitado y contaban la anécdota de que a los 12 años ella se había escapado con un camionero. La gran mayoría de los manifestantes eran mujeres que salían a defender a “sus hombres”: actuaban como reproductoras del machismo del que también eran presas.

Pero no todos en Villegas vieron las cosas igual y algunos usaron las armas que tenían para poder cambiar algo. La docente y especialista en la obra de Puig Patricia Berger fue una testigo crítica de lo ocurrido. Los hechos de la ciudad bonaerense encajaban perfectamente en cada capítulo del libro de Puig Boquitas Pintadas. “Cuando trabajábamos la obra, los chicos entendían en la teoría”, dice Berger. “Entendían cómo funcionan los prejuicios, el machismo de una sociedad patriarcal y el rumor del que todos se quejan pero del que también son parte. Pero a la hora de llevarlo al caso en concreto, la cosa era distinta: ellos matizaban el caso diciendo que la chica se la había buscado. Y que si antes de ser abusada ella se había escapado con un camionero a los 12 años, era porque ‘ya andaba en cualquiera’, sin entender que eso sólo la hacía más vulnerable”.

La docente no sólo tuvo que enfrentarse a los prejuicios con los que se forman los jóvenes sino que denunció también a los grupos en Facebook que los compañeros de la chica habían creado.

General Villegas tenía entonces un solo boliche para las chicas de la edad de la abusada, pero allí se cruzaban con hombres que tenían la edad para ser sus padres. Pero mirar hacia adentro no fue una opción para los vecinos de Villegas. Los autores fueron condenados en octubre de 2012 a cuatro años y diez meses de prisión, pero quedaron libres esperando que el fallo quedara firme. Y siguieron allí, custodiados por sus mujeres.

Algún tiempo atrás, Nora Dalmasso había sido encontrada muerta. Ocurrió el domingo 26 de noviembre de 2006: había sido violada y estrangulada. El cuerpo fue hallado en su casa del Country Villa Golf de Río Cuarto, Córdoba. El crimen dentro de un barrio privado fue la comidilla que alimentó las fantasías populares más disparatadas. Un nuevo policial country, como en su momento fue el de María Martha García Belsunce (pero con elementos sexuales), fue el motor de rumores sobre una supuesta vida licenciosa de Nora, murmullos de lazos políticos que indicaban que el marido, Marcelo Macarrón, sería testaferro del gobernador de Córdoba, Juan Manuel de La Sota, y más. El caso tuvo tanta atención que incluso llevó a renunciar a Rafael Magnasco, el asesor del Ministerio de Seguridad de la provincia, al ser sindicado como amante de Dalmasso.

La investigación se estancó hasta el presente. La memoria de la mujer asesinada hoy ya no es la de los rumores y la de las remeras en las que se leía “Yo no estuve con Norita”. Sin embargo, los vivos siguieron sufriendo y no sólo por la falta de justicia. El hijo de Nora, Facundo Macarrón, fue imputado en 2007. Se lo acusó de violación y homicidio. Facundo era abiertamente gay: un elemento más para la fabula popular que uso y abuso de las teorías freudianas.

Ernesto Meccia, sociólogo especialista en sexualidad, sostiene: “Es interesante pensar aquella imputación desde una sociología que va del cliché al estereotipo. Para hacer inteligible una historia que te enfrenta a lo que no te gusta, mucha gente la enfrasca en un estereotipo distinto a ella pero presente en el imaginario colectivo. El recurso sirve para que la historia cierre”. En esa concepción colectiva se incluye un chico gay, un padre ausente y una madre fálica de vida sexual libertina. La realidad no puede ser un impedimento para una buena historia.

El fiscal pidió la desvinculación de Facundo Macarrón de la causa. Pero eso no acercó la historia a la justicia.