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Ernesto Mallo y los crímenes del menemato

Hace algunas semanas, Ernesto Mallo adelantaba en la red social algo sobre su nueva novela:

 

Ahora, con el libro en la calle, sabemos también –según la contratapa- que es “una novela en la que se mezclan el diario y las intrigas de la corte, dramas de alcoba, ambiciones desmedidas y el asesinato de testigos, mientras se inaugura la temporada de los ataques terroristas trasnacionales que cambiaron el mundo”.

Y es que, como bien propuso Jorge Fernández Díaz, el peronismo es una inevitable novela negra.

“Mi escritura tiene un costado profético que muchas veces me asusta”, dice ahora el director del festival de novela negra BAN! Acaso los años de clandestinidad y paranoia que vivió  le hayan servido a Ernesto Mallo para desarrollar una especie de sexto sentido que lo hace prever algunos eventos del futuro. Así lo asegura él. Pero no piensa que haya algo sobrenatural, sino más bien una facultad para relacionar datos y formular resultados. Se refiere, en particular, a la reciente condena que recibió el ex presidente Carlos Menem, en relación al caso de tráfico de armas.

Pero hay más: “En el año 81 escribí una obra de teatro titulada ¡Qué mambo el de Colón!, que era una farsa alrededor de la biografía de don Cristóbal. La última frase de la obra decía: ‘Europa se vino a América y la sangre de los jóvenes tapiza las aguas del Atlántico’. La obra fue estrenada el 2 de abril del 82, día en que los militares invadieron Malvinas. En mi novela Delincuente argentino hay una escena en la que un milico torturador se pega un tiro cuando vienen a arrestarlo. Lo mismo hizo el coronel uruguayo Antonio Rodríguez Buratti, y también el Malevo Ferreyra, en este caso fue filmada y parece un calco de mi ficción. La acción de mi novela Los hombres te han hecho mal transcurre en el submundo de la trata y la prostitución, principalmente en las whiskerías de la ciudad de Mar del Plata, a los pocos días se produjo el allanamiento de una cantidad de estos locales con gran número de detenidos. Ahora, lo condenan a Menem, el mismo día que sale la novela”.

¿Por qué situar una novela policial en la década del ‘90?
Alberdi dijo que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen; un siglo más tarde André Malraux mejoró la cita: “Los pueblos tienen los gobiernos que se les parecen”. Vale decir que los gobiernos vendrían a ser un espejo en el cual, dada nuestra historia, es muy difícil mirarse. Si revisamos desde esta perspectiva los últimos diez o veinte gobiernos que padecimos, podremos darnos alguna idea de quienes somos como sociedad. Y acá podemos insertar otra cita, ésta de Tato Bores: “Nos queje del espejo quien tenga la cara fea”. A los argentinos, por lo general, nos cuesta mucho mirarnos a nostros mismos sin condescendencia, tenemos la tendencia a vernos no como somos sino como nos gustaría ser. En el espejo de los noventa podemos apreciar nuestros aspectos más frívolos, más livianos, más consumidores y también ver que aquella fue una frivolidad criminal. La política económica, que fue la continuación de la que aplicó la dictadura militar, favoreció la concentración de capitales extranjeros golondrina que venían a beneficiarse de las altas tasas de interés que pagaban los bancos y se retiraban con las ganancia obtenidas; destruyó la industria, la producción y los medios de transporte; habilitó la importación de bienes de consumo y desalentó la de bienes de capital. Se registran más de cien homicidios vinculados de una u otra manera a escándalos protagonizados por funcionarios del gobierno de Menem. En ésa década los índices de criminalidad aumentaron en un ¡1200! por ciento, acompañados por los índices de pobreza y miseria; y una violenta disminución de los de educación. Se inaugura a la Argentina como país intermediario para el contrabando de la cocaína boliviana y colombiana a Europa. Acá comienzan los atentados terroristas transnacionales dirigidos a objetivos civiles que serán la marca registrada de la política internacional del Siglo XXI. Y todo ello mientras los argentos de clase media, que siempre tiende a creerse que son ricos, cargados de dólares baratos, se cargaban cuanta chulería encontraban por los malls de Miami, y Carlitos jugaba a la pelota con las celebridades y le arrimaba el bochín a modelos y vedettes. La década da material no para una, sino para cien novelas del género que se nos ocurra y, sin embargo, es una de las menos tratadas. Cuando escribí La aguja en el pajar sólo había un puñadito de novelas relacionadas con la dictadura de Videla y sus secuaces, era un tema con el que los editores no querían meterse, la escritora Paula Pérez Alonso, tuvo que pelear un año para que se publique. A partir del éxito que tuvo se produjo un saludable aluvión de literatura relacionada con la dictadura.

¿Cuánto de lo que hay en Me verás caer cree que ha ocurrido durante los años ‘90?
Muchos de los entretelones de la novela, como por ejemplo la reunión con Xuxa y el enviado iraní en la Quinta de Olivos, son chismes de primer agua que me contaron personas que estuvieron presente en esos momentos. En verdad que me sorprendió la disposición que encontré en muchos allegados a la Carpa de Menem  a contar anécdotas y a divertirse contándolas. Ese es un signo distintivo del Menemato, no sólo se enriquecían, hacían fiestas y orgías y se metían en cuanto ilícito les pasara cerca, también tenían la necesidad de contarlo. No bastaba con hacerse obscenamente ricos utilizando los recursos del gobierno, también tenían que ostentarlo. La foto de Menem recostado en la Ferrari es un ejemplo gráfico de esa actitud que popularmente se llama de “piojo resucitado”. Otros eventos, como la muerte de Carlitos, fueron tejidos a partir de las noticias periodísticas y, en especial, las declaraciones de Zulema Yoma al respecto. En la novela, y en clave de ficción, procuro encontrar los móviles y el modus operandi de algunos crímenes que se cometieron, lo que cuento es cómo podrían haber sucedido esos hechos que nunca fueron aclarados, y muchos de ellos ni siquiera investigados. Como es frecuente, la ficción suele acercarse más a lo real que la historia oficial.

¿Cómo fue que se convirtió en un escritor de novelas policiales?
Eso, de alguna manera también se lo debo a Menem. Cuando el país se sumió en la bancarrota debido a sus políticas, Carlos hizo su última maldad: dejarnos de presidente a de la Rúa, que fue su candidato. Su nivel de delirio es sólo comparable con su formidable astucia. Menem le tenía terror a Duhalde, que había sido su vicepresidente y había jurado vengarse cuando Menem lo desplazó del gobierno central, por eso apoyó a de la Rúa. Le dejó un país en ruinas, con el aparato productivo deshecho y con la cultura política arrastrándose entre los desperdicios de la fiesta neoliberal. De la Rúa, que desde el jardín de infantes estuvo preparándose para llegar a presidente, jamás se le ocurrió pensar qué haría una vez que lo fuera. Su ineptitud perpetró el corralito y toda la serie de medidas desafortunadas y cobardes que lo condujeron a salir de la Rosada como rata por tirante. Hasta entonces yo era periodista, dramaturgo y guionista. La debacle que produjo de la Rúa, con el desastre que Menem le dejó, hizo que “La Voz del Bajo”, el mensuario del que era Secretario de Redacción, cerrara para siempre dejándome sin trabajo, y además nadie ponía un centavo ni en el cine o el teatro que eran mis otras dos fuentes de ingresos. A eso se sumaron una serie de circunstancias personales muy desgraciadas. De modo que tenía mucho tiempo libre para volverme loco y acariciar la idea del suicidio. Pero, como tengo muchos hijos no era algo que me podía permitir. El antídoto fue escribir La aguja en el pajar, mi primera novela. Como me dijo mi amigo, el guionista Jorge Goldemberg, cuando le conté que la había escrito como alternativa al suicidio me dijo: “hiciste bien, porque si una novela te sale mal no pasa nada, siempre podés escribir otra; en cambio si te sale mal un suicidio es un papelón irreparable”.

Me Veras Caer. Ernesto Mallo. Extremo Negro