Memoria del crimen

Máximo Dabbah: “El detective privado trabaja con la mente”

Por Osvaldo Aguirre

-¿Cómo comenzaron los cursos de la Escuela de Detectives?
-La Escuela se fundó en marzo de 1953. Soy el director y fundador. Todos los cursos son por correo. En realidad la Escuela se inició con cursos personales pero en la práctica no resultó porque los alumnos no tenían el mismo nivel cultural ni la misma experiencia de vida. A los pocos meses se resolvió suspender esas clases y se hizo todo por escrito. La escuela empezó en la Argentina, se extendió por toda América e incluso tenemos sucursal en Los Ángeles, autorizada por el gobierno de los Estados Unidos.

-¿Quién prepara los cursos?
-Yo soy el autor de todo, porque con anterioridad a esta actividad de enseñar trabajé durante muchos años como detective privado. Siempre fui particular, no fui policía un solo día de mi vida. Siempre fui detective privado. Acá tiene (muestra una credencial): “año 1943, Máximo Dabbah patente nacional”. Una de las pocas patentes nacionales que se han emitido, porque las patentes son para determinados policías y el poder de policía es uno de los poderes no delegados a las provincias por el gobierno central.

-¿Usted cómo se formó como investigador?
-A los 12 años entré de cadete en una oficina de informes comerciales. Después aprendí a hacer informes comerciales, después empecé a hacer investigaciones privadas, en 1943 obtuve licencia de la policía para trabajar como investigador privado. Siempre me interesó capacitarme: entiendo inglés, francés, he leído mucho, estudié Derecho para saber bien todas las cosas. Cuando fundé la Escuela dejé de trabajar. La oficina que yo tenía, que llegó a tener 60 empleados, se la regalé a mi personal y yo me dediqué exclusivamente a la enseñanza.

-¿Le tocó investigar algún crimen?
-No. El investigador privado en la Argentina no interviene en esos casos. Se hacen investigaciones privadas de distinta índole, sobre todo de índole comercial. Durante la Segunda Guerra intervine en el caso de un barco que se había hundido en alta mar y se suponía que llevaba una carga valiosísima. Fue  hundido por los submarinos alemanes y había que demostrar si era cierto que llevaba esa carga. Intervenía la justicia federal, se había nombrado árbitro a un almirante, y yo hice la investigación a pedido de la compañía de seguros y determiné que el árbitro designado por la justicia había sido compañero del juez interviniente en un concurso de bridge y que el hijo del dueño de la empresa propietaria del barco hundido, como viajaba mucho, lo dejaba como tutor al almirante. Con ese informe el abogado de la aseguradora habló con el juez y al final llegaron a un arreglo, porque era todo una patraña.

-¿Un detective investiga siempre de la misma manera?
-No, hay muchas maneras. La experiencia es fundamental. En los casos cuando uno ya tiene experiencia la corazonada es tremenda. Vos habrás oído decir que la mujer es más intuitiva que el hombre. Es cierto, porque es menos intelectual, razona menos. Y la intuición en realidad es un camino abreviado hacia la verdad, sin seguir los razonamientos lógicos normales. ¿Vos sos casado, soltero?

-Soltero.
-¿Tenés novia?

-Sí.
-Bueno, te voy a dar un ejemplo. Vos estás con tu novia, de repente pasa un amigo, “hola, que tal, qué decís, cómo te va, te voy a presentar a mi novia”. Conversan dos o tres minutos y él se va. De repente tu novia te dice “¿este es amigo tuyo? No me gusta”. Vos le decís “pero por qué, si lo viste dos o tres minutos, es un muchacho macanudo, lo conozco de aquí, de allí”. “No me gusta”, dice ella. Pasan tres, cuatro, cinco meses, y vos decís “sabés que tenías razón, este tipo me falló”. ¿No te pasó a vos?

-Puede ser. ¿Y hay mujeres que hacen el curso?
-Sí, un veinte por ciento del alumnado son mujeres. Los alumnos son de todas las edades. Hay de todo. He tenido monjas, curas, jueces. Hay dos personalidades que son grandes escritores nacionales, de fama, que fueron alumnos míos cuando tenían 20, 25 años y hoy son muy conocidos. Se ve que les sirvió para desarrollar la imaginación.

-¿Quiénes son esos escritores?
-No te puedo decir. De las mujeres un 50 por ciento lo quiere como salida laboral y un 50 por ciento a lo mejor son amas de casa que quieren vivir alertas sobre la conducta de los hijos, de los maridos, o que no las engañen comercialmente. Hay muchas personas, un 20, 30 por ciento, que estudia para tener conocimiento, para avivarse y estar a cubierto de ciertas acechanzas de la vida.

-¿Cómo observa la evolución de la delincuencia?
-Los crímenes ahora son más violentos, menos elaborados mentalmente. Son hechos violentos, de sangre. Antes se maquinaban muy bien las cosas. Creo que ahora influye la droga. Muchos delincuentes actualmente actúan drogados, de una manera completamente irracional. Antes los delincuentes eran más hábiles, más vivos. Ahora entran de prepo con un revólver en la mano y asaltan una estación de servicio. Antes hubieran hecho lo mismo pero espetaban el momento, iba uno y le decía al empleado “por favor me da esto” y aprovechaba cuando el empleado iba adentro para buscar un repuesto o lo que fuera. Se buscaba la manera, ahora es distinto.

-¿La carrera de detective constituye una salida laboral?
-Hay muchísimo más trabajo de lo que la gente cree. Todas las compañías de seguros tienen media docena de detectives cada una, porque el 20 por ciento de los robos de autos que se denuncian son falsos. En los choques, más de una vez a uno le vence el seguro el 15 de enero, no lo renueva y resulta que choca el 17 y hace una denuncia de que choca el 14. Yo he tenido muchos casos de esos. En materia de robo de autos, por ejemplo, un tipo tenía un coche medio viejo del que quería desprenderse. Entonces va a la casa del suegro de visita, deja el coche en la puerta, conversa un rato y cuando sale el auto no está. El suegro, sin saber nada, le sale de testigo. Pero hay técnicas para saber si las cosas son así. Yo las he utilizado varias veces. En ese caso voy a la compañía y le digo al gerente “cítelo, pero no le diga que soy el que investigué”. Nos encontramos y le digo “mucho gusto, usted hizo una denuncia, el día tanto y tanto: como fue, a ver”. Yo lo escucho, el tipo me cuenta. “Me puede dar las llaves del coche”, le digo. Cuando te roban el coche te quedás con la llave, no la tirás a la basura, la llave queda en tu llavero. Este tipo no la encuentra. “Vamos ñato -le digo-, vos le diste la llave a un amigo para que se lleve el coche. Acá hay dos cosas. Una, si insistís hay tentativa de defraudación. Y la otra, si querés librarte de la tentativa de defraudación, retirá la denuncia y quedamos amigos”.

-¿El detective privado usa armas?
-No. El detective privado trabaja con la mente, lápiz y papel. No hace falta ninguna clase de arma ni nada raro. Tampoco tiene que andar diciendo “soy detective privado”. Al contrario, tiene que actuar más bien haciéndose el boleado, el perdido. Si estás en Belgrano, por ejemplo, y tenés que hablar con un portero le decís “mire, yo soy de Luján y estoy en la Capital, no sé, me dijeron que en este edificio, en el cuarto piso, vive Fulano. Un vecino me pidió que cuando venga hable con él por una garantía”. Hacés un cuento. Pero siempre hay que hacerse que no sos canchero. Eso es importante.

-También trabajan en casos de infidelidad amorosa.
-La gente cree que los detectives trabajan buscando maridos infieles. En realidad el dos por ciento del trabajo es ese. El otro son establecimientos industriales que quieren ver si personas que trabajan en la oficina técnica están en contacto con la competencia para pasar información; o son los laboratorios de especialidades medicinales que quieren controlar a los visitadores médicos. Los visitadores ganan muy buen sueldo, pero son incontrolables, porque no hacen ventas, no son cobradores. El laboratorio no sabe si visitó a los médicos, si dejó los productos, por lo que contrata en forma permanente detectives que van rotando para seguir a los visitadores.

-Para hacer un seguimiento se trata de pasar inadvertido, como decía antes, ¿no?
-Uno piensa que si te ponés a seguir a una persona a las dos cuadras se dio cuenta. Y no, la gente no se da cuenta. Pero el novato se para a atarse el cordón de los zapatos o a mirar una vidriera. El novato llama la atención. A menos que sea un tipo que levante juego, ande en la droga o en algo sucio, a la gente se la puede seguir sin que se dé cuenta. La primera vez que seguís a alguien te parece que se da cuenta; y no es así. En Norteamérica los detectives actúan de otra manera, pero no es una forma conveniente. Ves las películas y los tipos violan domicilios, se agarran a trompadas. No, acá el detective tiene que actuar a manos limpias. (Toma unos folletos). Yo me llamo Máximo, ¿no? En Norteamérica el curso no se llama Escuela Argentina, se llama Magnum School. Magnum quiere decir máximo. Al curso lo tengo también en inglés.

-¿Cómo está organizado el curso?
-El curso consta de 50 lecciones. Dura diez meses, pero se puede hacer más acelerado en seis meses. La enseñanza es siempre la misma. Cada lección tiene un punto a que es la parte verdaderamente didáctica; un punto b, que es un problema policial para desarrollar el ingenio del alumno; un punto c, que es el relato de un hecho famoso en el que se ve la labor policial; un punto d que es un cuento del tío y el punto e que son generalidades sobre la misión del detective. Los alumnos cuando se reciben tienen derecho a suscribirse a la publicación de la escuela, El mundo de los detectives. No es de venta pública. Ahí hay más cosas para el ejercicio activo de la profesión. Y estoy preparando un libro que se va a llamar El libro de cabecera del detective privado, que trae muchos complementos para el que está en la profesión.

-¿Cómo es la relación de los detectives con la policía?
-La profesión estaba bien reglamentada, y solamente particulares podían ser detectives privados. Pero cuando cayó el gobierno de Perón altos jefes policiales fueron detenidos, estuvieron presos, les quitaron el grado, los forzaron al retiro. Cuando salieron les dieron permiso para instalarse con oficinas de investigaciones, que en realidad son oficinas de seguridad, de vigilancia. Oficinas de investigaciones hay contadas con los dedos de la mano. A ellos no les interesan las investigaciones, porque dan trabajo. Para ellos es más fácil hacer un contrato con una empresa que necesita cien hombres para vigilancia, les ponen uniforme y cobran.

-¿Por qué le parece que la gente quiere ser detective?
-Porque a todos les pica el bichito. ¿A vos no te gustaría ser detective?

-A mí me gusta leer novelas policiales. ¿Usted lee novelas?
-Leía. La verdad es que llego a la mitad y ya sé el resultado. Pero a un detective le sirve leer novelas policiales, no tanto por descubrir la trama sino porque agudiza el ingenio acerca de detalles y de cosas que pueden pasar inadvertidas y que son importantes. Es una gimnasia mental que le crea. Sobre  todo las novelas policiales de antes, no las de ahora que han mezclado el erotismo, la sexualidad y todo eso para hacerla más atractiva. Simenon, Conan Doyle, son mucho más sutiles.