Incorporado por lectura

Miguel Prenz: “El caso Ramoncito tiene picos de terror físicos y psicológicos”

El homicidio de Ramoncito y el ritual del horror

Todo gran crimen necesita su libro. Porque este es, tal vez, uno de los modos que tiene la sociedad para enmarcar y destacar un momento en el que su orden es destruido y la fuerza irracional emerge. El caso Ramoncito –un homicidio tenebroso y espectacular– merecía su libro y el periodista Miguel Prenz se lo dio.

La misa del diablo. Anatomía de un crimen ritual, que ha sido publicado por Tusquets Editores en su colección Mirada Crónica, dirigida por Leila Guerriero, se mete con el crimen de Ramón González, un niño de 12 años que fue muerto el 6 de octubre de 2006 en la ciudad de Mercedes (en Corrientes), en un rito satánico que incluyó su tortura, su violación y la profanación de su cadáver con la decapitación y el despelleje de su cráneo. De los nueve acusados por su homicidio, siete fueron condenados a prisión perpetua por homicidio triplemente calificado; por el debate desfilaron unos 150 testigos.

“El caso Ramoncito tiene picos de terror que son, al mismo tiempo, físicos y psicológicos, concretos y latentes”, explica Miguel Prenz, que en 2011 había publicado El heredero del general, una historia de Mario Rotundo, el excéntrico custodio de los bienes de Juan D. Perón. Sigue: “Llegué a Corrientes cargadísimo de información, pero no de prejuicios. Estoy convencido de que el cronista tiene que hacer el trabajo de campo como lo hace el antropólogo: llegar con toda la información posible y con algunas ideas que seguro serán modificadas por una realidad que siempre nos debe atravesar, externa e internamente”.

El cuerpo de Ramoncito fue profanado por sus asesinos.

– ¿Cómo fue cambiando su impresión de Mercedes a medida que el trabajo avanzaba?
– Había hecho un trabajo de archivo muy grande, no solo sobre el caso Ramoncito, sino también sobre la historia de la provincia, su estructura socioeconómica, su cultura y su sistema de creencias místico-religiosas. Al llegar a Corrientes y luego a Mercedes, tuve una confirmación que es clave para entender este caso y todo lo que ocurre ahí: la brecha entre ricos (una minoría) y pobres (la enorme mayoría) es escandalosa. Esa situación de injusticia es el tablero ideal para que los poderosos impongan su juego a los demás, que tratan de mantenerse en la partida como pueden: sobreviven tratando de buscar en el “más allá” una justificación a lo que ocurre en el “más acá”, que es tan violentamente evidente que los ofende. Ese siempre fue para mí el escenario de esta historia. Pero hay que tener en cuenta que ese escenario se repite en todo el mundo, nada más que con distintos nombres.

– ¿Cuáles fueron las mayores dificultades para contar esta historia?
– Si bien siempre tuve en claro que no iba a escribir una crónica amarilla ni roja, fue complejo contar todo lo que yo estaba seguro que debía contar sin caer en golpes bajos ni regodeos morbosos. La sangre aparece siempre para recordar algo que pasó, para alertar que ese algo sigue ocurriendo y para anunciar que ese algo seguirá. Y la sangre aparece casi siempre en voz de Ramonita, una adolescente que fue testigo del homicidio y cuyas declaraciones fueron la columna vertebral de la causa judicial. Cuando decidí comunicar todo lo que había contado Ramonita en sus declaraciones judiciales, descarté de entrada hacerlo desde mi voz, la del narrador, porque un adulto iba a hacer foco en cosas que un chico no, iba a intentar explicar cosas que un chico ni siquiera entiende. Entonces, la decisión narrativa fue darle a Ramonita el lugar para que ella también narrara: desde su punto de vista, infantil pero complejo, cuenta la sangre y así, con sus certezas, sus contradicciones, sus baches, se construye como personaje.

– ¿Qué libros, artículos o autores rodean y contextualizan “La misa del diablo”?
– No tuve influencias directas durante la investigación y la escritura. Pero reconozco que de los textos policiales de Anton Chejov y Rodolfo Walsh, por nombrar a un par de maestros, aprendí que el morbo no suma nada a los policiales, que la carne de esas historias está en otro lado y no en la sangre que, por supuesto, también debe aparecer porque es parte de esas historias. Otro maestro es David Lynch, que en Blue Velvet y Twin Peaks da una clase sobre cómo presentar de modo simple e impactante historias que terminarán explorando aristas impensadas. En Twin Peaks, Lynch muestra el cadáver de Laura Palmer envuelto en plástico en los primeros cinco minutos de la serie y pocos episodios después aparecen teorías sobre ovnis, espíritus malignos del bosque… En ese recorrido de una punta a la otra está toda la carne de la historia.

– ¿Cuál fue, en el terreno, su momento más cercano al diablo mismo?
– Antes de responder esa pregunta debo hacer una aclaración imprescindible. Me interesa muchísimo la riqueza mitológica de las religiones y otros sistemas de creencias, así como también el contexto sociocultural en el que nacen y crecen. Desde ese punto de vista leí y leo muchos textos religiosos y de análisis de esos textos. Sin embargo, no creo que existan entidades superiores ni energías sobrehumanas que motiven a una persona a actuar bien o mal. Y ahora sí viene la respuesta concreta a la pregunta: como imaginarán, nunca me sentí cerca del diablo, tampoco de dios. ¿Por qué el título La misa del diablo, entonces? Porque tiene múltiples lecturas y todas son correctas, desde la religiosa hasta la política. La misa del diablo puede ser: un ritual para quienes creen en eso, el caldo de cultivo socioeconómico, cultural e histórico para que ocurra algo como lo que se cuenta en el libro, el sistema.

Una muestra de La misa del diablo: