Incorporado por lectura

Ocultos en el lenguaje

Por Belén Iannuzzi

“La garganta anuda el verso/ quizás una forma de supervivencia”, se desliza, certero, el primer poema de Musulmán o biopoética, el último libro de poesía de Julián Axat (La Plata, 1976). Y continúa: “Si no hay justicia/ hay poesía”, enclavado como un manifiesto que irá desarrollando sus principios en las 93 páginas de la obra, articulada en dos partes. La primera, llamada “Mal sobre ruinas del bien”, contiene 33 poemas. La segunda, “Pasajes en el espejo (bitácora)”, reúne, como en un Libro de Manuel, registros del ámbito policial penal mediático y literario que incumben a menores de edad.

La pluralidad de voces poéticas, destacadas por medio del uso de distintas tipologías textuales, señala escalones de fragmentación social. Una polifonía rítmica, hiphopeada en lunfardo, rapeada por un “nosotros”, como el de Fuenteovejuna, como “la inmensa mayoría” de Blas de Otero: “Lo encontraron sin documentos/ conducido interrogan vociferan insultan/ orinan ojos varias veces le imprimen mil putas/ interrogan bolsean garganta para perforar conciencia”.

El hilo conductor del libro de Axat señala la fuerza ejercida sobre los cuerpos por las instituciones. Y el papel indispensable de la palabra para atravesar y superar las herramientas de dominación (“Cuando detuvieron a Geörg Lukács/ pidieron que entregara su arma/ metió la mano en la chaqueta/ los miró fijamente y/ sacó su pluma”). En este punto es necesario el ejercicio de la glosa para una lectura atenta: ¿de dónde proviene la práctica de encerrar para corregir?, se preguntaba Michel Foucault en Vigilar y castigar. Los hospitales, los ejércitos, las escuelas, los hospicios se desarrollaron alrededor del control de los cuerpos.  “Asisto a ver cómo un cuerpo se defiende”, se lee en el poema “Apuntes sobre posible identikit de ‘El Baby´”. Sobre los símbolos del derecho escribió el jurista italiano Francesco Carnelutti en su libro Las miserias del proceso penal: el hombre en la jaula, las esposas en sus muñecas.  Leemos en el poema número 6: “Chuki 13/ Sin domicilio/ Lo demoran arriba de un micro/ asalto/ tienda de ropa/ por orden de un juez ingresa al Hospital de Niños/ motivo: adicción y herida de bala/ nadie sabe cuándo ni cómo se retiró del hospital/ desamparo y situación problemática/ primer delito 9 años: robó jaula con pajaritos”. Y mira el pájaro, se muere en su jaula. “Del otro lado de la realidad está la jaula/ de este lado de la realidad también está la jaula”, en “’El Kitu’ profetiza que la reja espera”. También irrumpe, inevitablemente, la frenología, tan cara al criminólogo italiano César Lombroso: “Y si fue sospechoso por pararse en la esquina/ por tener cara/ y llega la poli sin 911”, en el poema “Informe sobre Luciano”.

Pero ¿es Musulmán o biopoética un libro de teoría del derecho penal o es un libro de poesía? , se puede preguntar el lector atento. “Alguno me dirá que yo veo la abogacía bajo el perfil de la poesía”, advertía ya Carnelutti en la obra mencionada con anterioridad.  ¿Acaso puede determinarse cuál es la línea que divide la poesía de la justicia poética cuando se trata de ponerles voz a quienes el lenguaje expulsó? Y aquí viene Mario Ortiz -la glosa se hace infinita-: “Lo que se les hace a las letras más tarde se les hará a los hombres”. Por eso, las palabras en los poemas de Axat aparecen entrecortadas, mutiladas, fragmentadas, separadas.

La oralidad (“el buche te dice y te llena los bolsillos de ropi, otro fierro pasta base y unos mangos para la birra”), la repetición ( “la Máquina de convalidar letras y firmas es un monstruo, máquina capciosa y rubia, incrusta tornillos, escribe y escribe sobre la piel del condenado, la Máquina de convalidar letras y firmas escupe, es un prisma”), la escritura colectiva (“Escrito a cuatro manos con RS de 17 años”; “Escrito a cuatro manos con HAV de 17 años”), el guiño a la obra de escritores argentinos (“El niño proletario”, de Osvaldo Lamborghini, En el aura del sauce, de Juan L. Ortiz, “Saqueos”, de Néstor Perlongher) son algunos de los recursos que utiliza Axat. Asimismo, la cita a poetas exquisitos, como Friedrich Spee Von Langenfeld (Alemania, siglo XVI), Ósip Mandelstam (Rusia, siglo XX), George Oppen (Esatdos Unidos, siglo XX), sirve de marco para una posible hoja de ruta.

Musulmán o biopoética se ubica en la tradición de otras experiencias textuales desarrolladas en contextos de encierro, como las publicaciones de Yo no fui, colectivo de poesía coordinado por María Medrano hace más de diez años en el penal de Ezeiza, u Ondas de Hiroshima, libro colectivo escrito por hombres privados de su libertad en la cárcel de San Martín, en un taller coordinado por los poetas Cristina Domenech y Pedro Nazar, que vienen a ensanchar con una voz que faltaba esa construcción colectiva que es la literatura argentina.