Crimen y Castigo

Demasiado cerca para matar

Una pericia balística fue la clave que permitió acusar al policía mendocino Martín Berdejo –un efectivo de 30 años, de la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico- en el doble homicidio de Oscar Guzmán Peña, alias “el Vinchuca”, de 68 años, y de María del Carmen Honorato, de 60. Ambos conformaban un matrimonio chileno asentado en la localidad mendocina de Vistalba, con antecedentes por drogas. Y el propio Berdejo estaba investigándolos.

El policía es el hijo de Elio Berdejo, un ex concejal del Partido del Frente, de Godoy Cruz, recordado por arremeter con su camioneta 4×4 contra el edificio del canal 9 de la televisión mendocina, cuando el 17 de noviembre de 2002 enfureció por un informe periodístico. Martín Berdejo, el oficial antidrogas, fue detenido la semana pasada en la ciudad de Buenos Aires y ahora está alojado en el Centro Transitorio de Detención de la capital mendocina, imputado por el fiscal de Delitos Complejos Santiago Garay por “doble homicidio criminis causae”; es decir, dos asesinatos cometidos para ocultar otro delito.

“Probablemente, robó documentos, celulares y dinero”, dice uno de los investigadores. “En la casa había una caja que fue sustraída. Hay referencias a esa caja en informes previos y no la hemos encontrado”. Junto a Berdejo también está acusado –gracias al hallazgo del rastro de sus huellas dactilares en la escena del crimen- Maximiliano Damián Guerra Gobetti, un empleado judicial (del área de ordenanza) que está de licencia por depresión y que sería amigo del policía Berdejo desde la infancia. “Pero es posible que haya participado una tercera persona”, agrega el investigador. “Una de las víctimas presenta un disparo de un arma que no es la de Berdejo, aunque también podría ser una pistola policial”.

Guzmán Peña y Honorato fueron hallados muertos el viernes 11 de octubre en su propio hogar. La mujer tenía un tiro en la cabeza, amortiguado por la almohada. Yacía en su cama, en camisón. El hombre había sido ejecutado en la nuca. Estaba desparramado en el patio. En un principio, la policía sospechó que el crimen se debía a una venganza narco, en el marco de sus intentos por instalar en el interior de la provincia de Mendoza un laboratorio para producir cocaína y enviarla a Europa.

Pero de la propia Dirección de Lucha contra el Narcotráfico surgió la pista de que uno de sus efectivos había sido el autor de la matanza. El director del área, Juan Carlos Caleri, fue el que pidió declarar como testigo para confesar que había escuchado que uno de sus subordinados era el asesino y fueron los policías de esa Dirección, junto con los de Delitos Complejos de la misma provincia, los que arrestaron al sospechoso en Buenos Aires.

Desde abril de este año, Berdejo estaba apostado a la vigilancia de todos los movimientos del matrimonio chileno –que vivía desde hacía cinco años en al 2600 de la calle Cerro Anconcagua, detrás del boliche Al Diablo, en Vistalba-. “Sus informes tenían que brindar información, entre otras cosas, sobre la presunta conexión entre las ahora víctimas y sus contactos en Italia, donde Guzmán Peña había sido condenado a veinte años de prisión domiciliaria y donde había pasado dos antes de escapar”, dice uno de los investigadores. “Se supone, además, que el matrimonio esperaba un cargamento de trescientos kilos de cocaína proveniente de Bolivia para mediados de octubre; es posible que guardaran dinero suficiente como para pagar por esa droga”.

Después del doble homicidio, Berdejo había llegado a la ciudad de Buenos Aires, alegando la investigación de una pista de la misma causa. Pero, a pesar de la cuidadosa planificación del homicidio, no se dio cuenta de que la pericia balística ligaría una de las balas extraídas de las cabezas de los muertos con su arma reglamentaria.

Una versión de esta nota, en Crimen y Razón.