Pesquisas

La muerte larga de Marianela Rago

En la provincia de Tierra del Fuego, la llegada del cuerpo de Marianela Rago fue una cuestión de Estado. La gobernación le cedió a la familia un Lear Jet que despegó de Aeroparque, donde Patricia, Eduardo y Matías partieron con el cuerpo de Marianela para enterrarla en su ciudad cinco días después del crimen. Ese fue uno de varios gestos oficiales. En el entierro en el cementerio municipal de Rio Grande, la gobernadora Fabiana Ríos se hizo presente. No fue un simple sepelio. El impacto de la noticia lo convirtió en una suerte de procesión bajo un día gris con escarcha en el suelo: asistieron vecinos, curiosos, amigos de toda la vida, periodistas enviados desde todo el país. Más de 150 personas rodearon la tumba. Patricia trabajaba para la Unión Obrera Metalúrgica; los jefes locales del sindicato fueron a dar sus respetos. En la entrada del Colegio Integral de Educación, donde Marianela había estudiado, surgió una muestra de afecto anónima; alguien depositó un ramo de flores junto a la placa que llevaba el nombre de la joven. El nombre de su ex no estaba lejos, en una placa contigua.

Amador, cuatro años mayor que ella, había egresado del Integral en la misma camada que su hermano Matías. Luego, Amador se convirtió en preceptor, los directivos lo eligieron por sus buenas calificaciones, algunos hasta reconocieron que jamás había firmado una amonestación. Así, como preceptor, comenzó a salir a Marianela ella cuando todavía era una alumna de cuarto año, para comenzar una relación clandestina que pocos aprobaban y que formalmente terminó a escasos seis meses antes del crimen. En el Integral todavía cursaba un hermano menor de Amador, de apenas 14 años. Esa semana, sus compañeros comenzaron a hostigarlo en el patio, a tratarlo de “asesino”. De vuelta en Buenos Aires, Amador ya no era apenas una referencia biográfica, un chico más en la vida de la chica. Se convertía, poco a poco, en un sospechoso. Básicamente, no había nadie más a quién señalar.

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Marcela Sánchez, a cargo de la Fiscalía de Instrucción N°30, se encargó del caso en sus primeras 48 horas. Un forense en la escena le había dicho por teléfono mientras llegaba: “Es como el crimen de Carolina Alo”, en referencia a la joven que murió de 113 puñaladas en 1999, uno de los crímenes más notorios de la historia argentina reciente. Para Sánchez, en un primer momento la muerte de la muchacha tenía todo el aspecto de ser un crimen del corazón. “Se llevaron la notebook y el teléfono, entre otras cosas. Pero no podía calificarse como un robo, sino como un crimen pasional. Todo estaba muy ordenado: las zapatillas de Marianela estaban junto a la puerta, por ejemplo. Además, ella estaba vestida”, recuerda.

Pocos minutos después del crimen, los Rago contactaron al abogado Federico Greve, de apenas 30 años, que trabajaba para la delegación porteña de la Municipalidad de Rio Grande. Una cadena de relaciones políticas lo puso al servicio de la familia: “Me calcé el traje y salí corriendo para el edificio donde ocurrió el crimen. Llegué a las 22.30 y en el hall de entrada me presenté ante Matías como el abogado de la familia. El hermano de Marianela estaba ahí, impávido”. El abogado entabló contacto en el lugar con la fiscal Sánchez, quien lo llevó hasta el departamento. Desde la rendija de la puerta pudo ver el cuerpo de Marianela. Francisco Amador también esperaba en el lugar. Algunos dicen haberlo visto reír a carcajadas y llorar con diferencia de minutos. Matías, al llegar, no le había prestado demasiada atención. En sus primeras conversaciones con la Policía, ni siquiera lo acusó directamente. Greve lo recuerda en el hall de entrada, sentado en una silla, llorando, con la cara demacrada.

Cuando comenzaron las declaraciones judiciales, el ex novio no estaba entre los primeros convocados. Amador mismo se sorprendió de que no lo llamaran para preguntarle por la muerte de su ex. Su aparición en la escena del crimen en el momento en que el cuerpo de Marianela fue descubierto podía ser percibida como una suerte de coartada para desligarse del caso. Pero las amigas íntimas de Marianela en sus primeras declaraciones ante la Justicia no tardaron en señalarlo. En esos relatos, Amador fue un protagonista. Sánchez, después de escuchar los testimonios, le reveló al abogado Greve que el ex novio podría ser imputado. Había algo temible que empezaba a surgir.

Patricia Zapata, en octubre de 2013, revela: “Un poco más de seis meses antes de su muerte, Marianela me llamó. Me dijo que había cortado con Francisco, y que él la amenazó: ‘Nunca más vas a dormir tranquila’, le dijo. Yo entré en pánico, quisimos poner un abogado para que Francisco no se acercara. Entonces le pedí a Matías que la vigile, que la visite en distintos horarios. Pero Marianela me calmó y me dijo que no se iban a ver más. En esos últimos meses no hubo mensajes de texto ni mails. Sí hubo llamadas: él llegó a llamarla cada diez segundos”.

Las previsiones de Marianela fallaron. Un día antes de morir, el viernes 25, volvió a ver a su ex novio: en esa ocasión, Marianela le reveló que había un nuevo chico en su vida.

Extracto del capítulo escrito por Federico Fahsbender, dedicado al crimen de Marianela Rago Zapata, en el libro Ángeles. Mujeres jóvenes víctimas de la violencia, de Ediciones del Empedrado.