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¿Quién narró a Sandra Camacho?

Sandra Camacho tenía 17 años cuando conoció por Internet a Javier Méndez Ovalle, de 19. La primera noche que se vieron en persona –el 27 de junio de 2013– sería también la última: el cuerpo de Sandra apareció algunos días después, descuartizado y guardado en bolsas negras, en una unidad habitacional del barrio de clase media de Tlatelolco, en la ciudad de México.

Méndez Ovalle la había matado luego de perder el control en una discusión tonta.

Sandra Camacho

El homicida fue arrestado en Querétaro (200 kilómetros al norte de la capital) el pasado 30 de julio, casi un año después. Vivía con una identidad falsa y trabajaba en una cafetería. Su caso llamó la atención de la prensa, ya que Méndez Ovalle era un notable alumno del Instituto Politécnico Nacional. “De genio a asesino”, tituló el diario Excelsior un perfil del chico, que había obtenido el tercer lugar en la Olimpiada Internacional de Física en 2011.

En su edición número 337, del último 21 de septiembre, el semanario emeequis publicó una crónica del periodista Alejandro Sánchez, titulada “El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia)”, donde se narraba el crimen. El texto generó una furiosa respuesta por parte de numerosos lectores en las redes sociales. Muchos consideraron que el texto justifica la violencia de género y da a entender que la víctima había tenido su responsabilidad o, peor, se merecía lo que le ocurrió. Otros directamente criticaron el estilo narrativo que empleó Sánchez en el tratamiento del tema.

tapa emeequis

“Sin lugar a dudas, todo el texto es una apología al feminicidio. Es lo de siempre, echarle la culpa a la víctima, justificar al asesino”, consideró la periodista colombiana radicada en México Catalina Ruiz-Navarro, de la Red Internacional de Periodistas con Perspectiva de Género.

“La postura misógina que justifica al feminicida y busca atenuar el crimen mediante el ensalzamiento del criminal y la devaluación de la víctima por condición de clase, culmina en el deslinde total de responsabilidad, la casi negación del acto feminicida y la reducción de la víctima a un objeto”, menciona una petición en Change.org redactada por Elisa Godínez, que pide una disculpa pública, y que ya ha superado las mil firmas.

El pedido de disculpas no tardó en llegar.

Alejandro Sánchez publicó en su cuenta de Facebook un comunicado donde pide perdón a la familia y asume los errores cometidos, pero aclara que el texto plasma la visión y palabras de Javier, sin que él justifique las razones del asesino. El periodista explica también su intención al escribir el texto: “Aposté por un ángulo distinto para abordar el fenómeno de la violencia contra las mujeres. Quise entender la manera en que Javier ve al mundo, para encontrar una posible explicación sobre el crimen en contra de Sandra, pero nunca para justificarlo ni exculparlo de su responsabilidad. Javier debe pagar por lo que hizo.”

Entre las voces que lo apoyaron se encuentra la de Salvador Frausto, coordinador de reportajes de investigación del diario El Universal, quién insiste en que la perspectiva de la víctima no es la única opción a la hora de contar una historia periodística. “[Sánchez] comete errores de atribución, de omisión, de precisión”, comenta en una pieza titulada “El reportero que investigó alrededor de un piano (y terminó “descuartizado” por sus colegas)”, “pero es profundamente honesto al elegir un ángulo, una estructura narrativa y una apasionada gana por traernos una historia que nos muestra que tú, yo, ella y él somos susceptibles de asesinar a una persona”.

El periodista e investigador de medios Marco Lara Klhar se mostró sorprendido para lo notable la repercusión del caso, ya que “cada día por el país y en diversos medios se publican contenidos periodísticos machistas y sexistas, que legitiman, justifican y normalizan el feminicidio y otros delitos de odio machista, sin motivar siquiera un ceño fruncido.”

Sánchez se encontraba nominado para el Premio Gabriel García Márquez de periodismo que otorga la FNPI, por un trabajo sobre las autodefensas de Michoacán. Ha publicado además en las revistas Gatopardo y Fobres, y en los diarios Milenio y Excélsior.

Javier Mendez Ovalle